LA AUTORA es periodista. Reside en Santo Domingo.
El machismo, ese sistema que reduce, anula a la mujer, la relega, igual impone cargas molestas al hombre, que debe sufrir sin reclamos, so pena de ser condenado por una sociedad de señales ambiguas.
Su laboreo de proveedor, aunque ese término sea usado en su contra por quienes critican al patriarcado, empieza desde el cortejo. Un hombre detallista es correspondiente de buen partido. Ojo detallista significa que en cada reconocimiento lleve obsequios para la pretendida e incluso para el resto de la grupo.
Igual, que comienzo a costear gastos, aún antiguamente siquiera de ser aceptado como novio. Esa, no es una maña en desuso, sigue tan actual como siempre y adecuadamente lo sabe esta humanidad ambivalente.

Enriquecer la cuenta de modo perenne, es más que obvio una de las cosas que no parece pueda arrasar esa revolución que pretende erradicar una civilización lesiva pero que a veces da visos de querer cambios sin quitar partes convenientes.
Hace días, una opinión del comunicador Luisín Jiménez generó un derrame de críticas. Incluida la tan repetida de que los hombres buscan mujeres inferiores para subyugarlas. No debe estar en duda, las que lo expresaron sabrán por qué lo dicen.
Sin bloqueo, otra ingenuidad indiscutible es que a las féminas las crían para que busquen parejas superiores, que “las representen”, porque es un relegamiento meterse “con uno que esté más bajito o hasta a su nivel”.
Otra de las opiniones vertidas fue “los hombres si no pagan, no tienen, valen por lo que dan, las mujeres por lo que somos”. Esto encima de que mete a todos los varones en el mismo saco, es una ofensa para las féminas, más que una defensa.
Luisín Mejía no es vocero de todos sus congéneres, luego, la extensión no es reto. De mismo modo, siquiera para las damas vinculadas a hombres que las superan en antigüedad, plantearlo es colocarlas en un catálogo imaginario de prostitución, es estandarizar esa conducta de estar en una relación por conveniencia.
¿Quién dijo que un hombre maduro o de cualquier antigüedad, solo tiene pareja o sexo si paga?
La prostitución femenina deriva de ese patrón cultural en el que el “cebón” debe “cantearse” para estar con una mujer, porque eso muestra que de verdad está interesado y la hace valiosa. De ahí la cacareada frase “la que lo da de balde, se azara”.
Entonces, sabedoras de que hay tantos dispuestos a abonar para satisfacer un deseo carnal, muchas optan desde tiempos remotos por ese oficio, obligadas o no por las circunstancias.
Así, el trabajo sexual es una extrapolación de ese concepto de valía errado. Claro que ahora existe la saldo de sexo masculina como parte de una sociedad que investigación la igualdad, la equidad, hasta en aspectos negativos.
Es pertinente rememorar que mujeres hay de cualquier antigüedad que incluso pagan para permanecer a un hombre a su costado.
JPM
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