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A pesar de las tensas relaciones entre Estados Unidos y varios países amigos de la región, como Colombia, Brasil y México, descontando a las dictaduras de Nicaragua, Cuba y Venezuela, nuestra relación y apoyo al Presidente Trump debe mantenerse firme, aunque nos desagraden algunas de sus decisiones, que incluyen el impuesto personal del 10% impuesto al país.
No vamos a referirnos a la política interna de Estados Unidos ni de sus conflictos con otros países y regiones. Nuestra principal preocupación es proteger a los más de 2.4 millones de dominicanos o descendientes de dominicanos, que viven en diferentes ciudades de Norteamérica.
Eso equivale a un 22% de la población del país y es el deber del Gobierno cuidarlos por todos los medios, evitando confrontaciones con el Presidente Trump, que pudieran traducirse en represalias contra nuestros compatriotas.
De hecho, el Presidente Trump ha mostrado siempre sus simpatías con el país, al que conoce muy adecuadamente por sus frecuentes visitas en el pasado. Cuando Luis Abinader tomó posesión de la presidencia en el 2020, el Presidente Trump envió a su secretario de Estado Mike Pompeo, como su representante, lo que fue una distinción para un país pequeño del Caribe.
Muchos países del mundo están realineando sus políticas comerciales colocándose en una posición más imparcial e independientes o más inclinados a China. Tal es el caso de la India, Arabia Saudita, Brasil, Australia y la misma Canadá.
La mayoría son miembros del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, con otros miembros aspirantes como Arabia Saudita, Egipto, Irán y Emiratos Árabes), que buscan liberarse de las ataduras del dólar.
Aunque este rama de países representan el 45% de la población mundial con el 33% del PIB total, rivalizando con el G-7, aún están muy remotamente de sustituir el dólar o aventajar las grandes economías occidentales.
Al ganancia de toda consideración política o comercial o la aspecto de países como México y Colombia, que se negaron a asistir a la Cumbre de las Américas por la salvedad de las dictaduras de Cuba, Nicaragua y Venezuela, nuestra alianza con Estados Unidos debe prevalecer, en presencia de todo, en gratitud a una comunidad dominicana que lleva en la raza el mangú y el arroz con habichuela, aunque haya estado viviendo en Nueva York, Miami, Boston o Chicago hace 40 o 50 primaveras.
Son esos dominicanos los que sostienen en gran parte nuestra heredad enviando remesas por casi US$11,000 millones a sus familiares en República Dominicana.






