Urge con frecuencia restablecer el principio de autoridad en sectores urbanos de Santo Domingo pero la aplicación con fuerza de despliegue poco selectiva y notables género indiscriminados sobre mansos y cimarrones, puede obtener a lo contraproducente innecesariamente. La magnitud de un activo –que por definición debería ser de corta duración- sobre el ensanche Capotillo se ha justificado materialmente en hallazgos de objetos claramente conectados con el narcotráfico y otros usos perniciosos. Pero la perturbación de esta generalizada movimiento tiende a quitar paz y a perjudicar colateralmente ciudadanos y familias de vida sencilla, mayormente pobres y de simples formas de ganarse la vida honestamente. Aunque no se les atropellara con prisiones y despojos injustificados, a ninguna comunidad barrial deberían llegarles zafarranchos de combate ni magnitudes de presencia de armas largas que se les parezcan. El comercio y consumos (aunque en último medida estos) ameritan permanentes -y no circunstancialmente- acciones inteligentes y precisas para decapitar la arribada al por anciano de sustancias prohibidas al controversial sector pues es un negocio que a nivel de sus barones escapa demasiado a correctivos aunque junto a buscar como bienhechora las interceptaciones recientes en puertos y aguas cercanas de alijos importantes; no tanto de traficantes de altos niveles.
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Para espantar el mal y hacer salir a la luz sus engranajes bastaría con cierta exhibición de poder represivo e investigativo no solo contra las mafias que alimentan las adicciones en Capotillo y más allá. La extendida ocupación de espacios públicos y masivos estacionamientos en paralelo en calles de una sola vía tienen severamente disminuido el fluir del tránsito en arterias de numerosas zonas de la caudal. Calzadas tomadas para consumos de bebida y reparaciones de vehículos escapan con impunidad a controles sobre la circulación. Por esos focos de ineptitud a derechos y a la convivencia social no se alcanzan a ver ni con liviandad operaciones policíaco marcial acompañadas del Empleo Manifiesto. Se creyó que con la creación de fiscalías barriales el respeto a la ley sería una extensa efectividad en esta mega metrópoli y Santiago, al menos, pero no ha sido así.





