La Ordenamiento de Estados Americanos, reunida en la caudal de los Estados Unidos de América, ha cedido su respaldo a una renovada cometido de seguridad en Haití, esta vez con carácter represivo, frente a el inminente final de la cometido policial de Kenia, iniciada y sostenida con el traumatizado objetivo de apoyar a las fuerzas de seguridad haitianas en su lucha contra las bandas armadas.
Antiguamente de cualquier reacción por este paso de la OEA parece oportuno aclarar que esta unanimidad continental en relación con Haití tiene que encontrar eco en el Consejo de Seguridad de la Ordenamiento de las Naciones Unidas.
Sin este respaldo la situación haitiana en materia de seguridad volvería al punto en que se encontraba antiguamente de la venida de los policías kenianos, que nunca han sido comprendidos por la universalismo de los dominicanos.
En sinceridad en esta parte de la isla predominaban las expectativas de unos agentes extranjeros —no sólo kenianos, por cierto— batiéndose con las bandas armadas en Puerto Príncipe y otros puntos en las que estas han demostrado su pujanza, particularmente el entorno del Artibonito y el suroeste.
Desde el principio la presencia policial extranjera fue anunciada como una cometido de apoyo.
Y tal vez esta es la razón por la que tanto la empresa provisional haitiana, como ahora la OEA, abogan por un cambio de “apoyo” a represión directa, un hecho que ojalá haya sido perfectamente valorado, porque hasta hoy los haitianos han sido incapaces de conservar los espacios de seguridad, empresa y estabilidad ganados para ellos por gobiernos extranjeros.
Todavía, por cierto, queda por puntualizar quién va a avalar, y cómo lo hará.
La cometido de Kenia en Haití, según la información conocida, tuvo el apoyo financiero del Gobierno estadounidense, que aportó 200 millones de dólares.






