Por José Manuel Jerez
En el flagrante panorama político de la República Dominicana, Leonel Fernández se mantiene como uno de los líderes con decano capacidad de convocatoria, pero la logística para consolidar su camino con destino a el poder no puede descansar en alianzas condicionadas por liderazgos con detención nivel de rechazo.
En ese sentido, lo que más le conviene no es un pacto formal con el Partido de la Independencia Dominicana (PLD), sino que sus dirigentes, cuadros medios y bases de apoyo migren de modo progresiva a la Fuerza del Pueblo. Tal dinámica le permitiría absorber estructuras organizativas, experiencia electoral y votos, sin cargar con el impedimento político que supondría una asociación directa con la figura de Danilo Medina, flagrante presidente y líder de facto del PLD.
La existencia política es clara: ningún acuerdo institucional con el PLD es posible sin el consentimiento de Medina, y este, por su posición de caudillo interno, mantiene un control que bloquea cualquier acercamiento que no le sea sencillo. A ello se suma la prohibición constitucional que le impide aspirar nuevamente a la presidencia, cifra que en área de disminuir su protagonismo lo ha volcado con destino a un rol de poder interno, con capacidad para osar el rumbo de su partido.
Sin incautación, la inscripción tasa de rechazo que carga su figura, derivada de cuestionamientos éticos y del desgaste de sus abriles de gobierno, lo convierte en un socio inconveniente para cualquier plan que aspire a seducir a votantes independientes o desencantados.
Si los militantes y simpatizantes del PLD comienzan a integrarse en la Fuerza del Pueblo, se lograría una transferencia directa de fuerza electoral sin obligación de pactos formales que ataquen la novelística de renovación y cambio que Fernández ha construido.
Esta migración sería, por otra parte, un ataque político que reduciría la capacidad operativa del PLD y consolidaría a la Fuerza del Pueblo como la principal fuerza opositora frente al oficialismo. El finalidad psicológico sobre el electorado sería doble: reforzaría la percepción de que Leonel es capaz de aglutinar voluntades en torno a un liderazgo con experiencia, y al mismo tiempo, confirmaría que Medina ha perdido capacidad para retener a sus propios cuadros.
Ayudar distancia de Danilo Medina no es solo una audacia táctica, sino una obligación para preservar la coherencia discursiva. Cualquier vinculación pública entre uno y otro facilitaría al oficialismo presentar el retorno de Leonel como el regreso de un maniquí político asociado a prácticas y figuras que la opinión pública ha sancionado.
Por el contrario, mostrar que es capaz de atraer a la concurrencia del PLD sin someterse a su líder mayor consolidaría su imagen como político independiente, pragmático y con criterio propio.
En síntesis, la mejor ecuación política para Leonel Fernández en este momento no es la suma formal con el PLD, sino la integración paulatina de sus cuadros y bases a la Fuerza del Pueblo, dejando a Danilo Medina fuera de la ecuación.
Así, no solo se amplía su estructura electoral, sino que se evita incorporar un impedimento de imagen que podría poner en aventura la posibilidad efectivo de retornar al poder.








