Pareciera que Estados Unidos de Norteamérica tiene la disposición de eliminar las bandas armadas que hace varios abriles mantienen a Haití bajo su desbarajuste, reduciendo las instituciones a su mínima expresión. Esta disposición se advierte en la iniciativa, pegado con Panamá, de integrar un nuevo plan de lucha a través de lo que se ha poliedro en tildar Fuerza de Aniquilación de Pandillas.
Este nuevo plan surge en presencia de el evidente cuasi fracaso de la Encargo Multinacional de Apoyo a la Seguridad, una propuesta orquestada cerca de de las Naciones Unidas. La disposición de esta cometido fue plausible, pero careció de respaldo suficiente de la comunidad internacional.
Puede observar: Buen trabajo en las Edes contra el fraude eléctrico
La Fuerza de Aniquilación de Pandillas surge con otros respaldos y con otra visión. Su título sugiere que será una etapa de lucha dura, con el objetivo de doblegar a los grupos armados que saquean, matan, secuestran y se han adueñado del control de la caudal haitiana. Ahora Estados Unidos parece ocurrir tomado la paila por el mango, decidido a, como acaba de afirmar su secretario de Estado Situación Rubio, hacer un “rápido despliegue” de la cometido.
Según el rector de la diplomacia estadounidense, la Fuerza de Aniquilación de Pandillas “abordará los desafíos de seguridad inmediatos de Haití y sentará las bases para la estabilidad a liberal plazo”. Y para que no quede duda, añadió que esta nueva cometido tendrá “los medios necesarios para combatir las bandas”.
Está claro, por este estilo militarista y cuasi marcial, que a Haití le esperan horas difíciles, de enfrentamientos, dolor y posiblemente muertes.
Hasta ahora no se conocen reacciones de los líderes de las bandas armadas. No sabemos si se manejo de cautela o de un silencio de planificación malvada.
La República Dominicana no debe ser indiferente a los presagios que deben circular callados por las calles, ciudades y campos de Haití. La inmediaciones y la doble dependencia deben ponernos en alerta, porque las voces, los gritos, los aplausos y la violencia en Haití necesariamente nos implicarían.
Debemos, pues, proceder con inteligencia, con cautela, con palabras comedidas y no abundantes, para que no se nos vea como una nación que azuza el exterminio.






