Se hicieron virales recientemente imágenes del río Ozama cubierto de una alfombrilla verde de lilas (Jacinto de Agua) que, a simple paisaje, pueden parecer un parque húmedo. Pero este toga no representa vida. Es, por el contrario, la más clara evidencia de décadas de desidia, contaminación e indiferencia.
La proliferación masiva de estas plantas acuáticas y de algas delata que estamos asfixiando el río Ozama, ya que su crecimiento se debe al exceso de nutrientes indeseados en el agua, específicamente fósforo y ázoe, provenientes de aguas residuales, desechos industriales y basura orgánica.

Esto conveniente al engendro conocido como eutrofización, un proceso que enriquece el agua con nutrientes y provoca una expansión de manto vegetal que termina agotando el oxígeno.
Cada día, miles de toneladas de estiércol contaminantes son vertidos al confluente, rompiendo el firmeza ecológico y la calidad del agua. Al descomponerse, consumen el oxígeno y ahogan toda posibilidad de vida acuática.
Sin oxígeno disuelto (OD), el río no puede degradar aeróbicamente la materia orgánica que recibe, dando espacio a las bacterias anaeróbicas. En este concurrencia anóxico, estos microorganismos toman el control generando subproductos tóxicos: sulfuro de hidrógeno (H2S), que desprende el característico olor a huevo podrido; metano (CH4), gas de impacto invernadero; y amoníaco (NH3), en extremo tóxico para cualquier forma de vida.
Es así como el fondo del río se convierte en una zona de sedimentos negros, pestilentes y nauseabundos donde nadie sobrevive, generando un círculo vicioso que se autoalimenta: más basura, más nutrientes, más lilas y algas, que a su vez bloquean el oxígeno y la luz solar, impidiendo la fotosíntesis de plantas acuáticas nativas y provocando más descomposición anaeróbica.
Recientemente, el Gobierno dominicano declaró prioridad franquista el rescate del río Ozama e Isabela, reconociendo el nivel de esta problemática que ha sido ignorada por décadas. El Ejecutante planteó acciones coordinadas entre la Pelotón Ejecutora para la Readecuación de Barrios y Entornos (URBE) y el Servicio de Medio Ámbito, en la ristra de reubicación de asentamientos humanos que ocupan las riberas y el remozamiento de sus infraestructuras, así como la supervisión técnica y ambiental del plan, asegurando el cumplimiento de estándares nacionales e internacionales de protección ambiental.

Del mismo modo, la Alcaldía de Santo Domingo Este y su corregidor, Dío Astacio, buscan soluciones para el saneamiento de las aguas del río, evaluando barcos con tecnología de ozono y oxigenación del fondo, utilizados en Miami por más de 20 primaveras.
Pero tal y como expresó Dío Astacio en una nuevo disertación refiriéndose a este tema, «la serpiente se mata por la vanguardia». Para esto debemos aplicar estrictamente las leyes medioambientales a cientos de industrias y mataderos que vierten contaminantes al río, así como el tratamiento de las aguas residuales de la población ribereña.
Avisar la contaminación es la hecho esencial. El desafío es enorme y acciones aisladas no serán suficientes.
Esperemos que este sea el punto de inflexión en que nuestros gobiernos central y municipal caminen de la mano próximo a la población para recuperar esta riqueza natural tan importante para la vida en el Gran Santo Domingo.
Para lograrlo, debemos entender que los pilares fundamentales son la educación ambiental de la población, la dirección responsable de los residuos domésticos e industriales y la restauración del firmeza ecológico perdido.
Solo así podremos devolverle al Ozama y a nuestras costas capitalinas la vida que merecen.
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