En el día que temo, yo en ti confío. Salmos 56:3
Cuando conocemos quién es Todopoderoso, aprendemos a residir seguros y sin temor. El miedo no viene de Él; aparece cuando quitamos la inspección y dejamos de abandonarse en Su Palabra, que está viva y obra en nuestro interior para recordarnos que Él habita en nosotros.
Hay situaciones que no podemos controlar, y eso nos puede arrostrar a olvidar lo que somos en Cristo, buscando soluciones en otros lugares en vez de personarse a Él.
Nuestra fe se debilita cuando se deja arrostrar por lo forastero, pero la Palabra de Todopoderoso es firme, eterna e inmutable. Por eso debemos verlo como lo que es: el Todopoderoso, el Señor de todo, el que da fuerza y sostiene nuestra vida.
Él está en Su trono ahíto de majestad y poder, esperando que lo mires y confíes con todo tu corazón.






