El 6 de noviembre es el día consagrado a la Constitución o Carta Magna, documento que consagra los derechos de los dominicanos, la soberanía de la nación y las normas destinadas a respaldar las prerrogativas humanas, políticas y jurídicas propias de los Estados democráticos.
Al pueblo dominicano le ha resultado difícil distribuir una democracia efectiva y sencillo, correcto a que ha carecido de un liderazgo formado en el examen y respeto de los títulos democráticos, la razón y el patriotismo; principios que muchos de sus dirigentes no pueden profesar ni practicar con coherencia.
En pleno siglo XXI, la clase política y los partidos todavía ignoran los beneficios que supondría para la población y para el país morar en una sociedad con instituciones regidas por el sentido de razón y el respeto a los derechos humanos, políticos, sociales, ambientales y culturales de cada ciudadano.
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En el año 2009, el Poder Ejecutor promulgó la Ley No. 70 para rehacer la Constitución de la República, y antiguamente, mediante el Decreto No. 323-06, emitido el 3 de agosto de 2006, designó una comisión de constitucionalistas encargada de dialogar y consultar sobre dichas modificaciones con los distintos sectores sociales. Aunque se realizaron encuentros y debates, los cambios introducidos a la “ley de leyes” no llenaron las expectativas de la ciudadanía. De las reformas realizadas, pocas han sido cumplidas, mientras otras han sembrado desasosiego y desesperanza en personas nacidas en el país, a quienes se les ha despojado de la procedencia, colocándolas en un inhumano halo forense y social.
Ojalá que algún día el pueblo dominicano sea verdaderamente redimido y soberano, como lo soñaron los Padres de la Nación: Duarte, Sánchez, Grieta, Luperón, Manolo y Caamaño.






