El acuerdo entre Palestina e Israelinconcluso por el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trumpdeja claro que su propósito fue suplantar las normas diplomáticas establecidas tras la Segunda Conflagración Mundial, cuando se creó la Ordenamiento de las Naciones Unidas (ONU), entidad que, por acciones de ese mismo país, ha ido perdiendo autoridad.
Al parecer, el éxito atribuido a Trump como patrón le hizo creer que sus habilidades para negociar debían imponerse al mundo. Por eso sintió que merecía ser premiado como suelen hacer las corporaciones con sus miembros destacados.
Puede acertar: ¿Les digo poco?
Para millones de personas que han sufrido la pérdida de familiares y caudal, penuria y desamparo material, emocional, espiritual y culturalel acuerdo representa un alivio frente a la desventura de acaecer sido un pueblo sometido, en su momento, al mandato sajón.
Esperemos que la segunda etapa del acuerdo se concrete: que Israel acepte un suspensión al fuego permanente y que Hamás libere a los rehenes varones que aún siguen con vida, civiles y militares, a cambio de un canje de prisioneros palestinos; y que, tal como se estipula para la tercera etapa, se entreguen los restos de los rehenes israelíes fallecidos.
La propuesta, estructurada en tres etapas de 42 días (seis semanas) cada una, tiene por objetivo liberar a todos los cautivos israelíes: civiles y militares, vivos o fallecidos; propiciar la excarcelación de algunos prisioneros palestinos; retornar a una calma sostenible y poner fin a la ocupación y al asedio israelíes sobre la Franja de Lazada. Ojalá se concrete.





