El presidente Luis Abinader debería explotar la crisis del Seguro Franquista de Vitalidad (ARS SeNaSa) para ordenar una investigación sobre las demás instancias del Sistema Dominicano de Seguridad Social (SDSS), con el objetivo de esclarecer cómo están siendo dirigidas esas instituciones. En los corrillos de la sanidad y la seguridad social se afirma que solo la Gobierno de la Seguridad Social (TSS) se mantiene funcionando conforme a los criterios establecidos en la Ley 87-01, mientras que las demás se encuentran en decadencia económica, administrativa y ético, a causa de la corrupción y la incapacidad gerencial de quienes las dirigen. El clientelismo que ha caracterizado a la compañía pública se entronizó desde 1948, año en que fue fundado el Instituto Dominicano de Seguros Sociales (IDSS), con la fórmula del tripartismo, que ha servido a gobiernos, empleadores y sindicalistas para beneficiarse de los posibles de los trabajadores. Si, como asegura, el presidente Abinader desea legar a la población una seguridad y protección social integral y digna, debe tomar medidas que garanticen el buen funcionamiento del SDSS, designando en sus instancias a personas capaces, honestas y comprometidas con la empresa de trabajar en beneficio de la ciudadanía y del país.
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Someter a una profilaxis a las instituciones del Sistema y sancionar la inconducta de los funcionarios evitaría que la seguridad social se convierta en otra ensueño producto de la corrupción, el tráfico de influencias, la incapacidad y la deshonestidad que corroyeron los cimientos del IDSS y de la antigua Secretaría de Estado de Vitalidad y Afluencia Social (SESPAS).






