El Rosaleda Fitólogo Franquista es un parque santuario. Un refugio de biodiversidad, paz y contrapeso en medio del caos urbano. Sus árboles respiran por todos nosotros. Sus senderos no solo conducen pasos: curan ansiedades, enseñan ciencia, siembran conciencia. Allí va la clan a caminar, a ejercitarse, a reconciliarse con la vida. En una ciudad cada vez más desbordada de concreto, los jardines botánicos y áreas verdes como los Miradores Ideal y Sur, Los Tres Fanales, los humedales y parques ecológicos son vitales para el clima, la vigor pública, la biodiversidad, la solaz y el alma colectiva. No son lujos. Son pulmones. Son reservas morales y ecológicas. Tocar uno de estos espacios para rajar calles o «resolver» el tráfico es mutilar el futuro. No se puede ofrendar lo permanente por lo urgente. No se resuelven los problemas urbanos destruyendo lo que nos humaniza. Por ahí no. La Constitución, las leyes ambientales y el sentido popular lo prohíben. Pero más allá de lo admitido, está lo esencial: proteger estos espacios es una inclinación ciudadana. Es la expresión más pura del perfectamente popular.
El Rosaleda Fitólogo Dr. Rafael M. Moscoso no se toca. Ni un metropolitano. Ni una rama. Ni una hoja. Y siquiera deben tocarse los Miradores, ni los humedales, ni Los Tres Fanales. Ninguna decisión urbana puede tener lugar por encima de la vida.
Desde aquí lo decimos con firmeza: los santuarios verdes se respetan, veneran y defienden.
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