El autor es abogado. Reside en Santo Domingo
POR GIOVANNI MORILLO
Para la ciencia política moderna, ya es una destreza ampliamente aceptada restringir el estudio del partido político a un organismo permanente, a una institución cuya esperanza de vida sea superior a la de sus dirigentes, con una voluntad deliberada de practicar el poder, ya sea en solitario o en coalición con otros.
Todas estas características estuvieron presentes en el sistema de partidos de la República Dominicana en el momento de su conformación.
El insigne Juan Isidro Jiménez Grullón explica, en su majestuosa obra Sociología Política Dominicana, que ese fue el maniquí para la comienzo de nuestro partidismo.
Sin retención, la gran controversia de dichas instituciones políticas ha sido alcanzar un seguro fortalecimiento institucional, pues sus dirigentes siguen obviando que la vida del partido es superior a la de ellos. Lo que ha prevalecido es el funesto interés personal.
Hoy, la gran división está en el gobierno, que no tiene con exactitud un pretendiente presidencial definido. Esto reviste pesantez, porque la historia de esa ordenamiento política está marcada por fragmentaciones provocadas por visiones miopes de sus propios actores.
De un costado, tenemos a un PLD haciendo una competición feroz, pero sin candidato definido. Al final, pareciera que, delante ese vano, están trabajando consciente o inconscientemente para Leonel Fernández.

¿Por qué digo y sostengo que Leonel está solo en el ambiente político?
Porque la ciencia política se fundamenta en la ingenuidad, y no podemos desmentir la fuerza del expresidente Leonel Fernández. Rememoración que, hace unos abriles, un hombre sabio me dijo: “Mi hijo, cuántos favores se le deben a un expresidente, en todos los ámbitos: empresarial, social y financiero”.
En el caso de Leonel, continuar este camino de ser el único candidato visible recuerda lo que ocurrió con su hijo, quien pasó los cuatro abriles en campaña, hasta que, a última hora, el PRM sacó un competidor para enfrentarlo.
Hoy observamos una situación similar: un país al borde del precipicio, sin mosca en las calles, con un dólar en medra, y con mensajes funestos que afectan a la sociedad dominicana.
Mientras tanto, observamos a algunos burgueses del gobierno, que creen que el pueblo es tonto. Olvidan la proclama de José Francisco Peña Gómez: “Cójale la fundita a Balaguer, pero no voten reformista.”
Solo con verdaderas figuras comprometidas con el pueblo, y no con intereses particulares, podremos observar una contienda electoral auténtica en el 2028.
De lo contrario, seguiremos siendo rechazados por una masa silente que solo repite: “Ahora la competencia es quién roba más”, denunciando así la doble casto de muchos políticos dominicanos.
jpm-am
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