EL AUTOR es periodista. Reside en Santo Domingo.
La atrevimiento del Tribunal Constitucional que respalda la inclusión abierta de personas homosexuales en las Fuerzas Armadas y la Policía Doméstico ha sido celebrada como un triunfo de los derechos fundamentales.
Sin secuestro, desde una vistazo crítica, la sentencia evidencia una desconexión preocupante con la existencia operativa y cultural de estas instituciones.
Avalar derechos es innegociable, pero aplicarlos sin un plan decisivo de implementación puede mudar un avance permitido en un peligro para la cohesión y la disciplina.
No se comercio de cuestionar la orientación sexual de nadie, sino de cuestionar la forma y el momento de introducir un cambio profundo en organismos cuya eficiencia depende de función, disciplina y cohesión interna.

Las fuerzas armadas y la policía no son espacios para experimentos simbólicos; alterarlas sin preparación y capacitación pone en peligro la pudoroso, la operatividad y la autoridad de los mandos.
La medida se anuncia sin diagnósticos internos, sin evaluaciones de tolerancia cultural y sin protocolos claros para organizar conflictos. Los mandos medios, columna vertebral de la disciplina diaria, quedan al ganancia, y con ello se siembra resistor pasiva y tensiones internas que podrían tardar primaveras en resolverse.
Mientras se celebra la foto política, los problemas reales permanecen. Se prioriza lo simbólico sobre lo esencial, dejando en evidencia que la política avanza más rápido que la organización.
La inclusión puede ser legítima, pero forzarla sin planificación transforma un derecho en un peligro institucional. Lo que hoy se anuncia como modernización podría ser mañana una hueco en la cohesión de quienes sostienen la seguridad del país.
El Tribunal Constitucional garantiza derechos; la política los implementa sin brújula. El resultado: titulares que impresionan, pero instituciones que pagan el costo de la improvisación.
Lo planteado en esta advertencia no obedece a ningún anacronismo, siquiera resistor al cambio, Jehová me suelto; eso sería colocarse en una posición anti dialéctica.
A lo que sí nos oponemos es a una obediencia ciega al cumplimiento de una dietario internacional que nos quieren imponer a como dé ocasión sin importar las consecuencias para esta media isla insular.
jpm-am
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