Singularmente, casi todo el país ha estado por unas 48 horas bajo el empuje de aguaceros que han afectado considerablemente la vida urbana con inundaciones y entorpecimientos de tránsito y daños a viviendas humildes penetradas por agua mientras las riadas cortaban comunicaciones terrestres a entre algunas comunidades a nivel franquista y amenazaban el funcionamiento de un importante número de acueductos cuya mecánica de operación no debe ser sobrepasada volumétricamente por el deducido que deben potabilizar. Quienes dependen de sus esenciales suministros pasan de inmediato a momentos difíciles. Perjuicios que incluso llegan a la producción agrícola y de subsistencia a la que no debe eludir riego sin que las lluvias resulten torrenciales y arrasantes sobre plantaciones fundamentales para procurar a la población. Tras la normalización del clima ha de venir el inventario de existencias contraproducentes sobre el campo al tiempo que se mida el impacto sobre carreteras y puentes; uno de los cuales -y que hacía posible transportar pasajeros y cosechas entre localidades de la provincia de Monte Plata- acaba de colapsar perdiendo la vida el chofer del pesado camión que en ese momento cruzaba sobre la estructura cuya pérdida de resistor había pasado desapercibida a equivocación de periódicas revisiones por parte de autoridades del sistema viario que siquiera parecen atentas a las erosiones y obstrucciones de márgenes y desagües de carreteras que las convierten en vulnerables a las iras de la naturaleza y propiciadoras de accidentes que pueden costar vidas.
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Los comportamientos estacionales de sequías y diluvios son un lucha para todo el trópico, lo que significa que este país, que cuenta con una red de presas que potencialmente puede ser más extensa y por cuyo valentísimo estado de funcionamiento debe velarse sin dirimir, será siempre opción para sobrellevar los comportamientos extremos de la climatología. Se dispone de un propicio sistema de represas y embalses aunque acosado por la desgaste que genera sedimentos y reduce su funcionalidad. Las deforestaciones permiten constantemente que las arremetidas de inclemencias arrastren suelos por equivocación de cubierta vegetal que deberían ser repoblados periódicamente con nuevas plantas y librados de depredadores nómadas.
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