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Con el caso tal vez más conocido de Greta Garbo a la comienzo, son numerosos, aunque singulares, los de las divas del celuloide que en la cima de sus carreras lo dejaron todo, perfectamente por un enlace principesco como Grace Kelly, para dedicarse a su clan y causas humanitarias, como Audrey Hepburn, o por sus problemas psicológicos y adicciones, como Judy Garland
La enigmática divina porque ella lo valía
Greta Garbo, la enigmática y señal “divina” actriz sueca de la época dorada de Hollywood, tras dos décadas escasas inigualables frente a las cámaras renunció a su vida artística a los 36 primaveras.
Nadie supo con certeza cuál fue la causa que llevó a la Garbo a entrar repentinamente en una prolongada etapa de retiro y soledad que pasó en Nueva York hasta su homicidio en los primaveras 90.
”Es triste y duro estar sola, pero en ocasiones es incluso más difícil estar con cualquiera”, señaló en una de sus cartas.
Su caso es sin duda exclusivo, porque a partir de ella se palabra del “síndrome de Greta Garbo” para referirse en común a los famosos que deciden apartarse de las cámaras y de la vida pública, fatigados de los peajes de desidia de intimidad y perturbación mediática que les impone inmisericordemente la auge.
Grace Kelly por su boda principesca
Otro poco habitual caso de renuncia de los escenarios para convertirse en princesa, el de una elegante y rubia actriz del Hollywood ya en los primaveras cincuenta, fue el de Grace Kelly, quien al poco de ser galardonada con el Óscar al mejor papel femíneo en “La angustia de habitar”, tomó la difícil intrepidez de destruir con su triunfante carrera para casarse con Rainiero III de Mónaco. ¡Ya cero sería igual!.
Detrás quedaron exitosas películas como “Atrapa a un Estafador” o “Mogambo”. Tras primaveras de vida intensa y cosmopolita, Kelly moriría a los 53 primaveras en un trágico siniestro de automóvil en el que viajaba con su hija Estefanía.
Audrey Hepburn y la obsesión por tener una clan
Audrey Hepburn, la elegante actriz que con su particular estilo revolucionó Hollywood, decidió apartarse del séptimo arte antaño de cumplir los cuarenta primaveras, a posteriori de una vertiginosa carrera que tiene a “Desayuno con Diamantes” como mayor fetiche.
Hija de una baronesa belga, pasó del anhelo y la pobreza durante la ocupación alemana de su país en la Segunda Desavenencia Mundial, al esplendor y el glamur que le proporcionó Hollywood primaveras a posteriori.
A los 38 primaveras, con una treintena de películas, dos Óscar y tres Globos de Oro su obsesión por tener hijos le llevó a darse su carrera en pleno auge.
Audrey lo dejó todo fuera de alguna fugaz aparición, para dedicarse a cuidar de sus dos hijos, así como a los niños hambrientos de África y Asia, a quienes consideraba casi como suyos.
Detrás quedaba la estilosa y esbelta actriz que llevara lo que fuera encima, zapatos, bolsos o vestidos, lo convertía en moda, transformando muchos de los cánones de elegancia y belleza que hasta su irrupción en el celuloide habían regido.
Brigitte Bardot por la protección de los animales
La actriz francesa, Brigitte Bardot, quien incluso abandonó por sorpresa su carrera cinematográfica en 1973, a los 39 primaveras, lo hizo para dedicarse en cuerpo y alma a la protección de los animales.
Películas como “Y Jehová creó a la mujer” en la que fue dirigida por su entonces marido Roger Vadim y la lanzó al estrellato en 1956 quedaron de repente antes.
Según dijo Bardot en una entrevista, al cumplir 80 primaveras en 2013, dejó el cine porque estaba “harta de esa vida superficial y vacía” y porque, según sus palabras, tomó la intrepidez de dedicarse a los animales quienes, “a diferencia de los hombres, no piden cero y lo dan todo”.
Judy Garland, por su infelicidad y el precio de la auge precoz
Otro caso fue el de la cantante y precoz actriz estadounidense, Judy Garland, quien tras rodar más de 20 películas, entre ellas el quimérico “Mago de Oz” , por el que recibió el Óscar en 1940 a la Mejor Actriz, se oscureció por sus problemas psicológicos y adicciones, hasta dejar abruptamente los platós.
Garland había sido la primera mujer en obtener el Gammy al libro del año en 1961, por su disco en el Carnegie Antesala y incluso había sido nominada por filmes como “Ha nacido una sino” en 1955 que perdió frente a Grace Kelly, y “¿Vencedores o vencidos?” en 1962.Estuvo casada con el director de cine Vincent Minnelli, con quien tuvo a la incluso actriz y cantante Lucha Minnelli, muriendo a los 47 primaveras de guisa prematura, poniendo así fin a su exitosa carrera.
Natalie Wood por una oscura homicidio
Un caso de desaparición repentina de las pantallas cinematográficas y televisivas, no por propia intrepidez, sino por una homicidio aún por aclarar, en 1981, y con solo 43 primaveras, es el de la actriz estadounidense de ascendencia rusa, Natalie Wood, quien inició su fulgurante carrera siendo una pupila.
Actriz precoz, recibiría tres nominaciones al Óscar cuando aún no había cumplido los 25 primaveras, dos como mejor actriz por “Esplendor en la Hierba” y “Amores con un extraño”, y una a mejor actriz de reparto por “Contumaz sin Causa”.
Como lamentaba su hija, Natasha Gregson Wagner, se carrera fue eclipsada por la desmesurada atención que se dio a su extraño fallecimiento, con un ahogamiento mientras navegaba adjunto a su marido, Robert Wagner, en su yate The Splendor, llamado así en presente de la película que protagonizó con Warren Beatty en 1961.
Su caso fue reabierto en numerosas ocasiones por la prensa, correcto a las sospechas de crimen por parte de su marido, pero las pruebas en el cordura no resultaron determinantes.
Otros casos singulares como Gwyneth Paltrow, Cameron Díaz o Dolores Hart
Contiguo a Gwyneth Paltrow, actriz y cantante estadounidense ganadora de un Óscar, que abandonó las cámaras para centrarse en los negocios, o Cameron Díaz, que se retiró para dedicarse a su clan, se encuentra el insólito caso, aunque de mucha pequeño auge que los anteriores, de la actriz estadounidense, Dolores Hart, quien decidió tomar los hábitos para convertirse en monja tras compartir lista en 1957 con Elvis Presley, en “Amándote”, en uno de los besos más largos del cine.
A los 24 primaveras, y tras protagonizar nueve películas en Hollywood, como “Donde están los chicos”, decidió entrar en un convento benedictino de clausura en Connecticut.






