Washington (AP).- El verbo discordante del presidente estadounidense Donald Trump y del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu sobre la audacia de Israel de atacar un crucial mina de gas iraní representa la diferencia de opinión más trascendental entre los dos gobernantes desde que empezó la querella contra Iránla cual ya lleva 20 días.
El ataque de Israel al mina de gas Pars Sur llevó a Teherán a tomar represalias contra infraestructura energética en otros países de Oriente Medio. Los ataques iraníes hicieron que los precios mundiales de la energía —ya de por sí elevados— se dispararan aún más, e impulsaron a aliados del vagabundo Pérsico a pedirle a Trump que contenga a Netanyahu.
Tras el ataque, Trump y Netanyahu se enfrentaron a interrogantes sobre si están completamente de acuerdo en la conducción de la querella, que comenzó como un ataque conjunto estrechamente coordinado contra el añejo enemigo regional. La aparición de diferencias —o al menos la impresión de que las hay— entre los dos líderes podría moldear el compensación del conflicto y cualquier desenlace que tenga.
Durante una reunión en el Despacho Oval con la primera ministra japonesa Sanae Takaichi, Trump les dijo a los periodistas que no estaba de acuerdo ni aprobaba el ataque de Israel al viejo mina de gas del mundo, que es un guindola energético para Irán.








