*Por MARÍA CRISTINA DE CARÍAS Y CÉSAR LANGA FERREIRA
Las campanas desempeñan un papel de primera magnitud, en la época navideña. El alegre sonido del tañido de estos objetos hechos de metal, nos llega al alma y nos regocija.
Las campanas son de larga genealogía, conocidas desde la caducidad y utilizadas en Babilonia y Egipto. Las que conocemos hoy en día fueron adaptadas cerca de del siglo V. Al principio se usaba para apetecer al rezo con campanillas y placas metálicas en los monasterios bizantinos. Las iglesias latinas adoptaron el uso, habiendo sido acreditado por el Papa Sabiano en el año 604.
Los misioneros celtas introdujeron su uso en el ideal de Europa.
En Italia fue Pantono de Nola, quien primero las utilizó en la Campagna, de allí deriva su nombre.
A partir de entonces se volvieron esenciales.

Por medio de estas llamaban a culto, se encuadraban las etapas de servicio, recordaban la oración matutina, al mediodía y en la tarde. Poco a poco, su sonido se introdujo en la vida civil; así servían para alertar sobre una invasión, incendios, emergencias, inclusive para apañarse a personas perdidas. Cada toque tenía una función específica.
Expresar sentimientos
Las campanas pueden expresar sentimientos como la alegría y la tristeza.
El uso del campanario se generalizó en el siglo VIII con una rezo específico. Las campanas pueden ser de varios tamaños y puede sobrevenir un conjunto de estas. Todas se tocan mediante cuerdas atadas al hablador. Es célebre, en la letras clásica, el personaje de Cuasimodo, quien tañía las campanas de la iglesia parisina de Notre Dame, en la novelística del escritor francés Víctor Hugo.

Tradicionalmente, las campanas se hacen de bronce. Para confeccionarlas, se necesita un molde hecho de arcilla, la que se deja insensibilizar, luego se cubre de epoc y arena. Posteriormente se hace un molde de aluminio. Este debe cubrirse de arena. Se debe esperar a que la arena se compacte.

Se debe hacer un orificio en el centro superior. Luego de calentado el molde, lo separan por secciones. Luego se vierte el bronce fundido, antaño se habría cubierto el molde con epoc. El bronce se debe dejar templar lentamente para evitar rajaduras. Posteriormente de enfriarse, debe ser pulido para darle la suavidad y el brillo requeridos.
El mismo sistema se emplea con campanas de gran tamaño. Para confeccionar una campana, se requiere al menos tres meses.
A un conjunto de campanas se le fuego Carrillón, palabra que provienen del francés. Con estas se pueden tocar melodías armónicas. Para producir melodías complejas, se utiliza un teclado que se une a las campanas. Puede tener desde unas pocas, hasta más de cincuenta.
El ocio armonioso consiste en un conjunto de campanas de tres a seis, dispuestas para sonar juntas en movimiento y crear un finalidad musical. Esto es global en torres pequeñas.

El sonido de la campana
El sonido de una campana se puede apetecer de varias formas, la onomatopeya más global es “don don” o “talán talán”. El acto de hacer sonar, se fuego tañer o repicar y el sonido en sí, especialmente si es musical o de conjunto, se denomina carrillón.
Cuando las campanas suenan de forma lenta y solemne, se denomina tañer o doblar. Repiquetear se usa, cuando suenan de forma vivaz y alegre.
Para hacer sonar una campana se necesita un hablador o campanilla. Esta es una aposento metálica con forma de pera que cuelga internamente de la campana y golpea sus paredes para provocar el sonido característico. Funciona con una vara convocatoria caña y una patraña que percute el bronce.
Es esencial para el funcionamiento de la campana y su correcta colocación es secreto para un buen sonido. Generalmente son de bronce. Al hablador se le sujeta una cuerda en la parte inferir, con el fin de moverlo.
Mensaje
—Venturoso año nuevo
Los autores, María Cristina Carías y César Langa Ferreira, envían un mensaje cargado de buenos deseos en este año, “esperamos que las campanas suenen alegres, deseándonos un venturoso año nuevo”.
En memoria de César Iván Feris Iglesias.





