Si queremos personas adultas mentalmente sanas, necesitamos comenzar por el principio: una infancia cuidada, amorosa y respetada. La vigor mental no aparece de la falta en la adultez; se va construyendo, o debilitando, desde los primeros vínculos, desde la forma en que los niños y niñas son acompañados por su entorno en su crecimiento emocional y esa construcción es, frente a todo, una responsabilidad adulta.
Adultos regulados, niños y niñas seguros
Criar no es solo atizar, vestir y educar, Es asimismo sostener emocionalmente, contener, flanquear en los momentos difíciles. Pero para poder hacerlo, las personas adultas necesitamos educarse primero a regular nuestras propias emociones. No se puede enseñar calma desde el aullido, ni consuelo desde la desconexión. Un adulto que pierde el control o reacciona desde su propia herida, puede provocar más daño que protección.
La autorregulación emocional en adultos no significa reprimir lo que se siente, sino ser capaz de manejarlo con conciencia y responsabilidad, especialmente frente a las personas más pequeñas. Solo así podremos ayudar a niñas y niños a cachear sus emociones, nombrarlas y gestionarlas sin miedo ni vergüenza.
Herramientas de contención: lo que sí podemos hacer
No nacemos sabiendo, pero sí podemos educarse. Uno de los aprendizajes más poderosos es conocer y aplicar los comandos de contención, son fortuna sencillos, afectivos y seguros que ayudan tanto al adulto como al caprichoso o la pupila a calmarse en momentos de crisis. Algunos de estos comandos son:
- Tomar distancia física por unos segundos para evitar una reacción impulsiva.
- Custodiar silencio consciente en superficie de objetar con gritos o amenazas.
- Ofrecer contacto físico seguro como un apretón, si el caprichoso lo acepta.
- Nombrar lo que está pasando con palabras simples: «Estás enojado, yo asimismo me siento frustrado, vamos a calmarnos juntos/as».
Estos comandos no solo sirven para momentos difíciles, asimismo son una oportunidad para educar emocionalmente. Enseñarles a nuestros hijos e hijas que existen formas de calmarse, de pedir ayuda, de no quedarse atrapados en lamolestia o la tristeza, es uno de los mayores regalos que podemos darles.
La violencia deja huellas profundas
A veces se dice “yo crecí con gritos y golpes y no me pasó falta”. Pero esa frase, más que una defensa, es una señal de que sí pasó poco: normalizamos lo que nunca debió ser ordinario, la violencia.
La violencia física, emocional o verbal alrededor de niñas y niños no corrige: lastima. Daña su autoestima, su capacidad de aguardar en los demás, su seguridad emocional y su estilo de apego y esto marca el tipo de relaciones que sostendrá en el futuro con sus amigos/as, parejas, compañeros/as de trabajo. Diversos estudios neurocientíficos han descubierto que el cerebro de niño, especialmente en sus primeros primaveras, es en gran medida sensible al entorno. Situaciones de maltrato, gritos, amenazas o desamparo emocional activan constantemente su sistema de defensa, elevando el cortisol (la hormona del estrés) y afectando el explicación del sistema nervioso.
Esto puede tener consecuencias a amplio plazo: dificultades para regular emociones, problemas de estudios, ansiedad, depresión o incluso enfermedades físicas. Las heridas emocionales de la infancia no desaparecen solas: se transforman en luchas internas que a veces, se cargan toda la vida.
Criar con cuidado: un compromiso común y comunitario
Tener una infancia linda y buena no significa que todo sea valentísimo. Significa priorizar el bienestar emocional de niñas y niños, ofrecerles seguridad, respeto y bienquerencia incondicional. Comparto tres acciones concretas que las familias pueden implementar:
- Establecer rutinas seguras y predeciblesque les den a los niños una sensación de estabilidad y contención diaria.
- Brindar espacios de conversación emocionaldonde puedan expresar lo que sienten sin miedo a ser juzgados, castigados o silenciados.
- Modelar con formas sanas de resolver conflictosmostrando con el ejemplo cómo manejar la frustración, pedir disculpas o despabilarse soluciones sin violencia.
¡La vigor mental comienza en la infancia!
No empieza en la adultez ni se arregla solo en los consultorios. Comienza en los primeros primaveras de vida, y se instala a partir de la forma en cómo cuidamos y contenemos en la primera infancia ( 0 a 5 primaveras), por eso, cuidar la vigor mental de niños y niñas es una tarea urgente y colectiva. Si queremos un futuro ahíto de personas sanas, empáticas, pacíficas y equilibradas, tenemos que comenzar desde ahora, desde la raíz, desde la infancia.






