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Como asesor financiero, hay una decorado que se repite constantemente en consulta: personas responsables, trabajadoras, con ingresos estables, que sienten que “no están avanzando” económicamente. Cuando profundizamos, casi siempre aparece el mismo detonante silencioso: la comparación con lo que ven en redes sociales.
En Instagram, TikTok o YouTube, todo parece valentísimo. Viajes constantes, carros nuevos, restaurantes de pompa, compras impulsivas convertidas en “recompensas”, parejas felices, emprendimientos exitosos y una visible exuberancia sin esfuerzo. Lo que no aparece es la parte invisible: las deudas, los préstamos de consumo, los pagos mínimos, el estrés financiero ni los primaveras de trabajo detrás de esas fotos.
La finanzas del comportamiento lleva décadas estudiando este aberración. El psicólogo Leon Festinger describió la teoría de la comparación social, según la cual las personas evalúan su bienestar comparándose con otros. En el pasado, esa comparación ocurría con vecinos o compañeros de trabajo. Hoy, ocurre con miles de vidas cuidadosamente editadas y filtradas.
A esto se suma el llamado consumo conspicuo, concepto introducido por el economista Thorstein Veblen, que describe el pago orientado a mostrar status más que a satisfacer micción reales. Las redes sociales amplifican este comportamiento al convertir cada importación en una señal pública de éxito.
El problema no es solo psicológico: es financiero.
En la República Dominicana, gran parte del consumo de estilo de vida se financia con tarjetas de crédito, préstamos personales o facilidades de suscripción a extenso plazo. Carros nuevos a siete u ocho primaveras, viajes pagados en cuotas, electrodomésticos financiados y compras impulsivas que luego se convierten en balances difíciles de manejar.
Las redes muestran el consumo, no la solvencia.
Lo que vemos es el momento de pago, no la capacidad efectivo para sostenerlo. Siquiera vemos si esa persona tiene ahorros, fondo de emergencia, inversiones o estabilidad financiera. Solo vemos la parte espectacular.
El economista conductual Daniel Kahneman, premio Nobel, explicó que los seres humanos tienden a sobrevalorar la información que es más visible o emocionalmente impactante, un sesgo conocido como heurística de disponibilidad. Si constantemente vemos señales de riqueza, comenzamos a creer que esa es la norma, aunque estadísticamente no lo sea.
Esto genera una presión silenciosa, especialmente en jóvenes y clase media trabajadora: la sensación de quedarse antes.
Pero en finanzas personales, representar progreso no es lo mismo que progresar.
He pasado profesionales con buenos ingresos viviendo al frontera por sostener un estilo de vida que no corresponde a su existencia financiera. Igualmente he pasado personas con ingresos modestos pero organizadas, con economía, sin deudas y con verdadera tranquilidad económica. Curiosamente, estas últimas rara vez presumen su situación en redes.
La psicología asimismo acento del aberración conocido como adecuación hedónica: nos acostumbramos rápidamente a las mejoras materiales, por lo que el finalidad de gusto es temporal. Lo que hoy se siente como un gran logro mañana se convierte en lo frecuente, impulsando la pobreza de un nuevo pago para recuperar esa emoción. Este ciclo es dominio fértil para el endeudamiento crónico.
A esto se suma el FOMO (fear of missing out), o miedo a quedarse fuera. Cuando todos parecen alucinar, comprar o celebrar, no participar puede sentirse como fracaso personal, aunque financieramente sea la valentía correcta.
El resultado es que somos una gestación con más acercamiento a beneficios que nunca, pero asimismo con mayores niveles de ansiedad financiera.
Es importante rememorar poco fundamental: la estabilidad económica rara vez es espectacular. No es vírico. No produce likes. Se construye en silencio, con presupuesto, economía, decisiones incómodas y renuncias temporales.
Las redes sociales no mienten necesariamente, pero sí muestran una traducción incompleta de la existencia.
No vemos:
— El préstamo detrás del carro
— Las cuotas del delirio
— El suscripción leve de la maleable
— Los meses de estrés para sostener el estilo de vida
— Ni los primaveras de trabajo necesarios para lograrlo de forma sana
Compararse con esa traducción editada es injusto… y financieramente peligroso.
La verdadera confianza financiera no es poder desembolsar sin frontera, sino poder proceder sin presión económica constante. Es tumbarse tranquilo, no acatar del próximo suscripción para cubrir el antedicho y tener capacidad de enredar imprevistos.
Si poco debería normalizarse más que representar riqueza es construirla.
Eso implica organizar las finanzas, cuestionar el consumo impulsivo, entender cómo funcionan las deudas y, sobre todo, dejar de calibrar el progreso personal con la vara de las redes sociales.
Porque la vida perfecta que vemos todos los días no incluye el estado de cuenta.Y ese, al final, es el documento que sí refleja la existencia.






