El AUTOR es abogado y político. Reside en Santo Domingo.
En los últimos días el tema de la inversión pública en República Dominicana ha ocupado muchos espacios en los medios de comunicación, a partir de los pronunciamientos del Presidente de la República sobre las obras realizadas en sus cinco abriles de encargo, e invitando a la competición a un debate para discutir qué gobiernos han invertido más en obras públicas.
La inversión pública no puede medirse en discursos ni en debates, ni titulares propagandísticos. Se mide en cifras concretas, en indicadores oficiales que revelan quiénes han hecho más obras, quiénes han aportado más al explicación del país, y quiénes han preferido, por el contrario, desembolsar los fortuna en asuntos corrientes y clientelares, sin retornos evidentes.
Cuando se revisan los informes de la Dirección Militar de Presupuesto (DIGEPRES), del Parcialidad Central y de la Contraloría Militar de la República, queda en evidencia un contraste ineludible: los gobiernos del Partido de la Libertad Dominicana (PLD) realizaron niveles de inversión pública muy superiores a los que hoy exhibe el presente gobierno.
Durante los mandatos del PLD, particularmente en los períodos de Danilo Medina, el consumición de caudal alcanzó cifras históricas, con promedios anuales que superaron los 100 mil millones de pesos, llegando en algunos abriles a colocarse entre el 4 % y 5 % del PIB.
Fue precisamente en esos abriles cuando se construyeron miles de aulas escolares, decenas de hospitales, carreteras, proyectos de vivienda, plantas eléctricas y grandes obras de infraestructura como circunvalaciones, elevados y obras hidráulicas.

Afición
En contraste, el flagrante gobierno exhibe una marcada amor en este renglón. Los números oficiales revelan que la inversión pública ha caído a niveles preocupantes, rondando casi nada el 2 % del PIB.
Más aún, se ha priorizado el consumición corriente sobre la inversión en infraestructura, evidenciando una visión limitada del explicación. Lo que antiguamente se traducía en escuelas, carreteras, viviendas y hospitales, ahora se traduce en un despilfarro de fortuna en nóminas, publicidad, subsidios, bonos, pensiones especiales, viajes, adquisición de dirigentes de la competición, y una serie de gastos superfluos sin precedentes en la República Dominicana.
Es cierto que cada encargo tiene sus desafíos: crisis internacionales, inflación, pandemias, pero con esos números sobre la mesa, no hace descuido entrar en narrativas políticas ni en debates cargados de retórica. Los datos muestran objetivamente qué gestiones se enfocaron en hacer más obras y cuáles priorizaron otros aspectos.
La propaganda oficial puede repetir mil veces que se están construyendo obras, pero la verdad está en los indicadores. Y esa verdad es que, en materia de inversión pública, los gobiernos del PLD marcaron un antiguamente y un luego en la historia flamante del país.
El presente gobierno, en cambio, quedará impresionado por tener retrocedido en este aspecto positivo para el explicación doméstico.
El pueblo dominicano no necesita ver un espectáculo de confrontación. Necesita ver quién resolvió más problemas, quién mejoró más vidas, quién construyó más futuro. Y en ese circunscripción, los gobiernos del PLD tienen mucho que mostrar, y el gobierno flagrante, mucho que explicar y pretender documentar.
Al final, los números no tienen colores partidarios ni admiten manipulación. Hablan por sí solos y muestran que, en materia de inversión pública, el PLD construyó futuro, mientras que el flagrante gobierno casi nada sostiene discursos.
Jpm-am
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