Por Kel Kelvin Ortiz Faaa
La destitución de Rafael Santos Pérez como director de la Oficina para el Reordenamiento del Transporte (OPRET), mediante el decreto 652-25, no es un hecho apartado ni una osadía improvisada del presidente Luis Abinader. Es, más perfectamente, el punto final, y tardío, de una trámite marcada por la improvisación, la errata de criterios técnicos y una desconexión evidente entre el liderazgo institucional y las demandas reales del transporte masivo en la República Dominicana.
La salida de Santos Pérez llega escasamente días luego del histórico corte franquista que dejó al país en penumbras por más de ocho horas y que paralizó por completo las dos líneas del Patrón de Santo Domingo. Un evento crítico, sin precedentes en su magnitud, que expuso de modo estupendo las debilidades acumuladas adentro de una OPRET que, acullá de fortalecerse, operaba en piloto instintivo.
Durante su trámite, Santos Pérez se dedicó más a la dimensión administrativa y política de la OPRET que a asegurar la eficiencia, mantenimiento y seguridad del sistema de transporte más importante del país. El Patrón y el Teleférico, que deberían ser ejemplos de estabilidad y planificación, vivieron retrasos, fallas recurrentes y una evidente errata de supervisión que hoy pasan estructura.
La novelística oficial era siempre entusiasta: ampliaciones futuras, proyectos anunciados, contratos en curso. Pero los usuarios vivían otra sinceridad: estaciones congestionadas, trenes con problemas de frecuencia, teleféricos vacíos en otros puntos del país y un sistema cuya estructura interna se debilitaba silenciosamente.
La sombra del martes no solo se fue la luz; incluso se apagó la ilusión de que todo estaba bajo control. El colapso del Sistema Eléctrico Franquista dejó expuesto lo mal preparado que estaba el Patrón delante un marco de emergencia. Los trenes quedaron paralizados sin un plan de contingencia activo, los protocolos fallaron y la comunicación institucional fue deficiente.
Esa vulnerabilidad no surge de un día para otro. Es el resultado de abriles de errata de mantenimiento importante, de decisiones desacertadas, de abandono de liderazgo técnico y de prioridades que no siempre respondían al bienestar del becario.
La designación de Jhael Isa Tavárez como nuevo director de la OPRET plantea grandes oportunidades, pero incluso grandes desafíos. El país necesita mucho más que un cambio de nombre. Requiere planificación seria, orden institucional y un liderazgo capaz de devolverle al Patrón y al Teleférico la estabilidad y previsibilidad que los ciudadanos necesitan.
Isa Tavárez llega con la responsabilidad de restablecer la confianza pública y de demostrar que la OPRET puede ser, nuevamente, una institución maniquí. Pero incluso debe evitar caer en la concentración excesiva de poderes que hoy preocupa a técnicos, legisladores y ciudadanos: diseñar, contratar, construir y supervisar bajo un mismo techo es un caldo valentísimo para la discrecionalidad.
La destitución de Rafael Santos Pérez no es un triunfo político ni una simple reestructuración. Es una advertencia. Es la prueba de que el país no puede permitir que instituciones críticas como la OPRET se manejen sin rigor técnico ni visión de Estado.
El Patrón de Santo Domingo es, fielmente, la columna vertebral de la movilidad urbana moderna. No merece improvisaciones. No merece gestiones que lo debiliten. No merece más titulares de crisis que de avances.
Hoy, más que culpar, toca formarse. Y sobre todo, corregir.
Porque la movilidad de un país no se improvisa; se planifica, se cuida y se respeta. Y eso, lamentablemente, fue lo que faltó en la trámite de Rafael Santos Pérez.
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