EL AUTOR es periodista y escritor. Reside en Santo Domingo.
Intelectuales, líderes políticos, dirigentes gremiales y otros usuarios de la palabra delante un conglomerado muestran a menudo el vicio de la palabra excesiva. Ese descontrol verbal frente al manifiesto los lleva a departir más de lo permitido, de acuerdo con la prudencia y las normas que rigen el evento o de las circunstancias en que se desenvuelve el sujeto afectado del referido trastorno.
Escritores, sociólogos, filósofos y profesores protestan con visible enojo cuando al departir delante un foro se le limita el tiempo. Se muestran incapaces, pese a sus grados y posgrados, para departir estrictamente en el tiempo que señalan los organizadores. Unos hacen rabietas y terminan, otros siguen impasibles hablando, aunque le pasen papelitos con advertencias, le toquen algún objeto sonante o le den cualquier señal indicativa de que deben contener el flujo de palabras.
Para precisar esta tendencia, contamos en el castellano con las voces verborrea y verborragia. Ambas tienen la misma cojín y el dato compositivo -rrea o -rragia. Todas las palabras de nuestra jerga que se forman a partir de esas terminaciones se asocian al valía semántico de flujo, multitud o profusión de poco.
Por ejemplo: el dato /-rragia/ deriva del ininteligible y significa “romper”, “hacer manar”. En nuestra jerga equivale a ‘flujo’, ‘derramamiento’. Y así se forma verborragia. (Verbosidad excesiva). Como hemorragia, emanación de parentesco, y blenorrea, definida como flujo mucoso ocasionado por la inflamación de una membrana, principalmente de la uretra.
De su costado, el dato compositivo /-rrea/ significa ‘flujo’, ‘influencia de manar’. El Diccionario de la jerga española al precisar esa partícula pone de ejemplos los vocablos verborrea y seborrea (aceite indeseada en la piel). Verborrea es verbosidad excesiva. En este colección caben además purgaciones y diarrea, uno y otro males caracterizados por flujos no deseados.
Con la terminación /-rragia/ tenemos una voz muy conocida que es hemorragia, un flujo de parentesco que hace desatiendo detener porque acarrea percances a la persona afectada. De la hemorragia advertimos fácilmente su peligro, no así de la verborragia o flujo incontenible de palabras.
Con la terminación /-rrea/ disponemos de una palabra muy conocida además que nombra multitud de otra materia corporal diferente en color, consistencia y olor a la parentesco. Normalmente causa preocupación a quien padece el evento, adicionalmente de las incomodidades que ocasiona.
Paneles y coloquios organizados por personas inteligentes cuyos protagonistas o actores se suponen inteligentes son perjudicados en su progreso porque a veces alguno de los intervinientes no pudo someterse al orden de departir solo diez minutos como estaba pautado para todos los oradores. Esa persona no lo sabe, pero padece una discapacidad. Quien más ha estudiado debe estar en mejor disposición de departir en el tiempo establecido.
Aquel que se presenta a un coloquio donde van a participar tres o cuatro personas y lleva una exposición que requiere cuarenta minutos para desarrollarse, no es el más capacitado, es, precisamente, lo contrario. Si necesita el tiempo de una conferencia para expresar lo que se desea exponga en ocho minutos debe restar descalificado.
En política
En el condición político es donde más se nota el vicio de la verborragia. En toda asamblea o reunión, cada participante quiere departir y por demás sin limitaciones. Un buen orador requiere de varias capacidades: conocer el asunto del que acento, expresarse con corrección y propiedad y la principal capacidad es memorizar cuándo terminar.
Es de necios insistir en departir a posteriori que el tiempo ha vencido y resulta triste tener que decirlo, pero quien no puede departir en el turno que le han asignado es un discapacitado y no lo sabe. Verborragia, como la hemorragia, o verborrea, como la diarrea, son males peligrosos.
Jpm-am
Compártelo en tus redes:






