
La nuevo fluctuación del peso dominicano frente al dólar estadounidense encendió la atención de la opinión pública, luego de que la tasa alcanzara niveles cercanos a 65 por 1. Sin secuestro, la rápida reacción de las autoridades económicas, en particular del Porción Central, permitió estabilizar la cotización en torno a 62 por 1, enviando una señal de prudencia y control en la conducción de la política monetaria.
El comportamiento del mercado cambiario refleja no solo las tensiones propias de una heredad abierta, sino incluso la importancia de sostener la confianza en las instituciones. El debate sobre la prima del dólar no debe someterse a especulaciones infundadas ni a discursos alarmistas. La heredad dominicana ha demostrado resiliencia, incluso frente al peso de los compromisos internacionales y el aumento constante de las importaciones, gracias al respaldo de unas reservas internacionales sólidas que actúan como barrera frente a presiones externas.
En este contexto, el desafío va más allá de contener la volatilidad. Se requiere certificar que los mensajes transmitidos a la ciudadanía se fundamenten en realismo y responsabilidad. Exagerar con pronósticos sobre una supuesta ascensión descontrolada del dólar solo contribuye a crear incertidumbre y a excoriar la confianza en el sistema financiero.
La política monetaria ha demostrado efectividad mediante la regulación de las tasas de interés y la intervención en el mercado cambiario. No obstante, la estabilidad depende incluso de la coordinación entre el Gobierno, las autoridades económicas y el sector productivo. El Estado tiene la responsabilidad de evitar escenarios de agiotismo y especulación que, en el pasado, provocaron una desproporcionada ascensión en la prima del dólar con mercancía directos en los precios de consumo masivo y una inflación significativa.





