El todopoderoso y chapado documento de identificación personal que proyecta la Asociación Central Electoral es para pretender una sustitución que agregaría características innecesarias al modesto, global y corriente -pero eficiente- plástico de mil batallas que no merece el exilio que a los contribuyentes les costaría más de seis mil millones de pesos. Con innovaciones de un futurismo impresionante que no andan apareciendo en documentos financieros ordinarios para impedir su clonación o cualquier uso a espaldas de sus legítimos portadores. Credenciales que parecerían diseñadas para la “Vida eterna» aunque sin tanto tamboril y con mucho menos inversión, los dominicanos habidos y por ocurrir andamos por todos lados, fuera y internamente del país, con una certificación de que existimos que ha vencido caducidades por simples resoluciones de la JCE en virtud de las cuales la cédula coetáneo es aceptada para todos los actos de la vida civil aunque circula con un mensaje impreso que niega su validez. Cosas veredes.
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Aunque el consulado de los Estados Unidos en Santo Domingo solía en otros tiempos recusar por centenares textos con falsificaciones para apoyar solicitudes de visa capaces de engañar al funcionario más alerta, la cédula criolla que la JCE abochorna en estos momentos estuvo en el 2014 entre las finalistas de un concurso para distinguir los documentos más seguros del mundo. Un certamen para distinguir los diseños, fabricaciones y tecnologías aplicadas para conferir inviolabilidad a las identificaciones. Se entendió que en ese momento la ahora despreciada cédula tenía incorporados utensilios de seguridad verificables. Los pasaportes dominicanos, cuyos costos de expedición no han cambiado en dos decenios, están clasificados como confiables en el foráneo. Aunque sorprenda, con todo y que el Estado hace gastos razonables para expedirlos y su sencilla apariencia no dice mucho, tienen incluidas en su confección 147 medidas de seguridad y en el 2018 fueron clasificados entre los más seguros de la región con una estructura biométrica que almacena datos. No se puede querer más con desborde de bienes que servirían para otros objetivos más justificables.






