EL AUTOR es consejero de imagen pública. Reside en Santo Domingo.
Los encuentros semanales con la prensa, conocidos como La Semanal, han sido un sello distintivo del gobierno de Luis Abinader. En un país acostumbrado a la distancia entre el presidente y los medios, este entrenamiento de comunicación constante fue, sin duda, una novedad refrescante. Permitió una rendición de cuentas directa y la oportunidad de encarar temas de interés notorio en tiempo verdadero.
Sin bloqueo, tras buen tiempo de su implementación, junto a preguntarse si este formato sigue siendo la útil más eficaz. Aquel acercamiento semanal que en sus inicios era una virtud, podría estar convirtiéndose en un obstáculo.
Sobreexposición y pérdida de impacto: El aventura de la rutina
En el mundo de la comunicación moderna, la saturación es el enemigo del mensaje. Hay una máxima que lo resume: «En comunicación, menos es más». Cuando un evento se vuelve predecible, pierde su capacidad de sorprender y de discernir una atención genuina. Los encuentros semanales con la prensa, aunque valiosos en su momento, han caído en una rutina que a veces diluye la importancia de los anuncios.
Temas cruciales pueden restar sepultados bajo preguntas sobre asuntos menores o controversias pasajeras, reduciendo el impacto de los logros del gobierno. Por ejemplo, hace poco, los avances importantes presentados por los funcionarios de RTVD, Iván Ruiz y Elis Pérez, en La Semanal, sobre la modernización de la televisión pública, quedaron eclipsados por el tema eléctrico, que evidentemente era para los comunicadores y periodistas presentes de maduro interés, pues por otra parte de ser una preocupación franquista en el hay más morbo que las buenas telediario de las importantes mejoras de RTVD.

Por otra parte, la sobreexposición mediática aumenta la probabilidad de que un comentario malinterpretado o una respuesta improvisada se conviertan en la anuncio principal de la semana. Esta dinámica a menudo desvía el enfoque del trabajo sustantivo del gobierno —políticas públicas, bienes o educación— en torno a la diligencia de crisis comunicacionales innecesarias.
De estratega a administrador de la semana
El formato contemporáneo obliga al presidente a estar siempre astuto para replicar a la última anuncio, sin importar su relevancia. Esto, de forma involuntaria, puede cambiar su rol, pasando de ser un estratega a dispendioso plazo a un simple «administrador de la semana».
El tiempo y la energía que el presidente, sus funcionarios y colaboradores invierten en preparar y ejecutar cada acercamiento podrían canalizarse en la profundización de políticas públicas y en la supervisión de proyectos críticos para el ampliación del país.
La alternativa: comunicación estratégica y basada en resultados
Siempre he criticado a muchos comunicadores y opositores que solo señalan los problemas sin proponer soluciones. Por eso, aquí van algunas sugerencias.
El valencia de la comunicación presidencial no reside en su frecuencia, sino en su significado. En lado de un acercamiento semanal, una logística más impactante podría ser la de una comunicación selectiva y estratégica.
Imaginemos que los grandes anuncios, como la inauguración de un hospital, la presentación de un plan de reforma educativa o el propagación de una importante iniciativa económica, se realicen en eventos dedicados. El presidente podría aparecer en el lado donde se implementará la política, rodeado de la clan que se beneficiará. Esto no solo genera telediario más concretas y visuales, sino que incluso vincula la palabra con la batalla de guisa innegable.
En lado de promesas, el país vería resultados tangibles. Los encuentros con la prensa podrían reservarse para momentos de crisis franquista o para presentar un documentación anual de rendición de cuentas. De esta guisa, cada vez que el presidente hable, la nación sabrá que es para compartir un mensaje de gran importancia y estará más atenta. La Semanal se ha convertido en un capítulo más de una serie que, si te lo saltas, determinado te lo cuenta posteriormente.
La valentía de un líder no solo se mide en su disposición a enemistar preguntas, sino incluso en su capacidad para adaptar su logística en beneficio de la nación. Dominar la frecuencia de los encuentros semanales no sería un paso a espaldas, sino un avance táctico en torno a una comunicación más enfocada, impactante y, en última instancia, más eficaz para guiar.
Jpm-am
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