Hace más de 20 abriles que entró en vigencia el flagrante sistema de la seguridad social, que en su momento fue recibido con muchas esperanzas, pero con la certeza de que en el transcurso de su implementación se iba a requerir una revisión. Por eso la misma ley ordenaba hacerlo a los 10 abriles.
El tiempo ha demostrado que el congresista fue previsor al disponer su revisión en un tiempo determinado, pues en este etapa ha mostrado muchas de sus imperfecciones, que de no ser corregidas de guisa urgente, pero con conciencia, acrecentarán las distorsiones que desde hace abriles se están viviendo.
Una de esas distorsiones es que los enormes fondos de la seguridad social, que salen de los bolsillos de los trabajadores y de las empresas, han caído en un esquema exclusivamente financiero.
Las enormes ganancias que le generan a las instituciones financieras los fondos de pensiones contrastan con las amenazas al seguro deudo de vigor y la desesperanza de los trabajadores de tener pensiones dignas al término de su vida productiva.
No es posible que mientras las AFP nadan en un mar de beneficios, la parte de vigor atraviesa tortuosas tormentas para su sostenibilidad en detrimento de los afiliados y los prestadores de servicio.
La filosofía del vivo sistema de seguridad social dominicano pudiera estar adecuadamente intencionada, pero se necesitan urgentes correcciones para evitar un colapso.
Tanto lo que tiene que ver con las pensiones, como la vigor, han caído en manos del sistema financiero, cuya naturaleza es exclusivamente rentista.
Urge una revisión profunda y responsable del sistema de la seguridad social antiguamente de que el daño sea irreparable.






