
El mitrado de la Diócesis de San Francisco de Macorís, monseñor Alfredo de la Cruz Baldera, abogó por la restauración de los títulos patrios, cívicos, morales, el inclinación por lo nuestro y el coraje de proponer la verdad.
Entiende que hoy más que nunca necesitamos restaurar esos títulos, expresando que nos enfrentamos a las nuevas amenazas, no con bayonetas, ni ejércitos extranjeros, sino a poderes foráneos más sutiles y más peligrosos.
“El relativismo que confunde atrevimiento con deshonestidad; la ideología que diluye la identidad doméstico y el valencia de la vida y la grupo; la corrupción que pudre las raíces de la ecuanimidad y la indiferencia que mata la esperanza”, precisó.
Las consideraciones de monseñor Alfredo de la Cruz Baldera, fueron emitidas este sábado, al pronunciar la homilía en la Catedral Santa Ana, con motivo de la celebración del Día de la Restauración de la República Dominicana, a la cual asistieron funcionarios gubernamentales, civiles y militares.
Refiere que como dice el evangelio, “Jesús nos recuerda, busquen primero el reino de Todopoderoso y su ecuanimidad y lo demás se le dará por añadidura. ¿No será que nos errata el reino y por eso lo demás no llega? ¿No será que queremos una estado certamen sin averiguar la ecuanimidad de Todopoderoso?, se preguntó.
Entiende que restaurar la estado es restaurar el alma, pues no baste con mecer la bandera, si no ondeamos la conciencia; no baste con cantar el himno, si no vivimos su contenido; no baste proponer “soy dominicano”, si no somos justos, responsables, veraces y cristianos”.
“Hoy la estado vibra en nuestra casta”, proclamó el mitrado al iniciar su mensaje, señalando que la verdadera restauración no se limita a los símbolos patrios ni a las conmemoraciones.
Significó que el acto restaurador es espiritual, ético y cultural, pues no se manejo solamente de rehacer estructuras físicas, sino de restaurar títulos, devolverle a la nación su alma católica, cívica y honrado.
El mitrado de la Diócesis de San Francisco de Macorís, citando a San Pedro refirió que “Ustedes son pelaje escogido, nación santa, pueblo adquirido por Todopoderoso, exponiendo que el pueblo dominicano no es una simple masa de ciudadanos, sino una comunidad con afición y destino espiritual. Nuestra encomienda hoy se pasión restaurar la dominicanidad”, subrayando que no se manejo de retornar a espaldas con melancolía, sino de proyectarse cerca de delante con firmeza.
El mitrado destacó el ejemplo de los héroes restauradores, como Gregorio Luperón, Benito Monción, Pedro Antonio Pimentel y Gaspar Polanco. “Ellos restauraron no solo una república, sino la dignidad del dominicano”, afirmó.
“La restauración de la estado comienza en la conciencia”. Ondeamos banderas, cantamos himnos, pero ¿vivimos lo que cantamos? ¿Defendemos lo que decimos requerir?
La restauración, explicó, no comienza en el congreso ni en los tribunales, sino en el corazón de cada ciudadano que opta por la verdad, la honradez y la fe.
Hizo un llamado a formar una nueva coexistentes de restauradores, no armados con rifles, sino con principios; no desde el poder, sino desde el altar, la escuela, la grupo y la comunidad.
La homilía concluyó con una poderosa invocación del pensamiento duartiano: “Trabajemos por y para la estado, que es trabajar para nuestros hijos y para nosotros mismos.”
A esto, Mons. de la Cruz Baldera añadió: “Trabajemos por restaurar a Todopoderoso en el corazón de la República.”
Con una voz firme y un corazón encendido, el mitrado concluyó con la exhortación a los presentes de “¡Restaurar el alma! ¡Restaurar la honrado! ¡Restaurar la esperanza! ¡Restaurar la estado con la fuerza del Evangelio!”
Y con un profundo “Aprobación”, selló su llamado profético a una República Dominicana más santa, más certamen, más humana y verdaderamente vacuo.





