Por Charlie Núñez
Sin la intervención de un Gobierno dirigido por hombres y mujeres con la voluntad, disposición y valentía de producir cambios en nuestro suelo territorial, seguiremos viviendo en un zona que no merece el nombre de país.
No se lo merece mientras nosotros no podamos practicar el orden, la disciplina y la jurisprudencia sin privilegios ni sentido de selectividad.
Comenzaremos con un ejemplo sencillo, pero vivido y sentido por la mayoría de dominicanos diariamente, en condición de víctima, victimario o de ambas cosas a la vez.
Me refiero al problema del tránsito, provocado por casi siete millones de vehículos en las calles, unos cuatro de ellos de motocicletas, irrespetándose unos con otros e irrespetando cuantas leyes están escritas.
Por su cantidad, necesitaríamos un agente por transporte, por la descuido de formación e inteligencia al igual que su apatía e irresponsabilidad; de todos esos violadores solo se castiga a los que tienen la mala suerte de caer en desgracia el día que les toca.
Pero lo que quiero destacar es que si uno de esos violadores se come la luz roja del semáforo y lo detienen, no puede decirle al agente que como no sucedió cero, le permita devolverse y no le ponga la multa, porque esta no es por lo que causó o no, sino por lo que pudo ocurrir causado; por consiguiente, el policía no está calificado a dar un chance si verdaderamente va a cumplir su rol social.
Eso mismo está sucediendo con el Ocupación Conocido y sus dichosos acuerdos o negaciones, amparados en el “criterio de oportunidad”, con individuos que supuestamente se prestan a colaborar con la investigación y que convirtiéndose en delatores se escapan de ser sometidos a la jurisprudencia para sufragar por sus delitos.
Ese concepto no aplica para los principales responsables ni personas con demostrada décimo en un entramado delictivo.
Esos acuerdos los estamos viendo con personas que se constituyen en “asociación de malhechores”, se benefician con asquerosas sumas de monises, devuelven una parte y se quedan ricos, sueltos y honorables.
Por lo normal esos “negociadores” son unos cobardes miserables o culpables que tienen la suerte del poder financiero o político, pues ni el Ocupación Conocido como siquiera los jueces mantienen una independencia de esos poderes.
Dirán que están amparados en la ley, la misma ley que crean los mismos que al final terminan beneficiándose de ella.
Si vamos a combatir la corrupción y aplicar jurisprudencia, los acuerdos con los malhechores no deben alcanzar hasta la restricción de los expedientes en los que están involucrados.
Probidad para todos, para todos.
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