
Los seres humanos deben ser valorados y juzgados al final de sus vidas, no al principio, pues si correctamente es cierto que durante gran parte de su existencia pudieron poseer realizado grandes y buenas acciones para su país, no es menos cierto que en su postrimería, pueden realizar acciones que tiren por la barandal todo lo bueno que hicieron durante sus primeros primaveras
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La historia dominicana está llena de casos de personas, líderes políticos, generales, héroes y próceres, que a posteriori de poseer luchado por nuestra independencia, por nuestra soberanía y por nuestra democracia; de poseer librado grandes batallas, de contender a merced de nuestra voluntad y Constitución, terminaron su existencia como villanos, como lacras sociales, pues actuaron como verdaderos traidores a la Estado, entregando nuestra soberanía y vendiéndose al poder extranjero.
Un ejemplo de lo antecedente, lo encontramos en el militar Pedro Santana, supuestamente, héroe de las Batallas del 19 de Marzo y de Las Carreras, en las luchas por la independencia contra la República de Haití, país que invadió y esclavizó nuestro división por 22 primaveras, desde el 1822 hasta el 27 de febrero de 1844, plazo en que logramos nuestra independencia; convirtiéndose en el primer Presidente constitucional de la República Dominicana, en el año 1853, pero luego se convirtió en un déspota y un sanguinario dictador, concluyendo su vida de forma miserable, en la ruina política, al anexar a nuestro país al imperio gachupin, el 18 de marzo de 1861, causándole un gran daño y una gran crisis económica, política y social a nuestra nación.
Algunos historiadores atribuyen esa hecho, supuestamente para proteger a nuestro división de otra posible invasión haitiana, lo que no tiene ningún sentido político, pues con ese despropósito, estaba entregando de nuevo nuestra soberanía, al convertir nuestra nación en otra provincia española; otros la atribuyen al suscripción de una gran suma de cuartos de la época y por el título, que lo nombraba “Marqués de Las Carreras”.
Ayer de esa audacia. Pedro Santana había pronunciado de traidores a la Estado, a sus verdaderos fundadores, a Juan Pablo Duarte y Diez, a Francisco del Rosario Sánchez y a Ramón Matías Hendidura, enviado al destierro a Duarte con toda su tribu; había fusilado a Francisco del Rosario Sánchez conexo a vigésimo de sus compañeros en El Cercado, San Juan de la Maguana, en 1861, por oponerse a la anexión a España; a María Trinidad Sánchez, tía de Francisco del Rosario, por negarse a delatar a los opositores a la anexión.
Igualmente fusiló por celos políticos al militar Antonio Duvergé, «El Centinela de la Frontera», héroe de las batallas del 19 de Marzo y de Las Carreras, conexo a sus dos hijos; a Ramón Jacinto de la Concha, Pedro Alejandrino Pina, Juan Nepomuceno Ravelo, Juan Evangelista Jiménez, Juan Isidro Perez, Jose María Sierra; en Moca, a José Contreras, Cayetano Germosen, Inocencio Reyes, a Eugenio Perdomo, entre otros tantos, por el simple hecho de oponerse a la anexión a España.
En los últimos días, algunos sectores conservadores, conformados por supuestos intelectuales, escritores, empresarios de la comunicación y «periodistas”, han aparecido a la palestra pública, de forma absurda, tratando de defender y supuestamente, de reivindicar, la memoria del tirano sanguinario, traidor, anexionista, el que obligó la matanza del artículo 210 de la Constiucion de la República, para mantenerse en el poder de forma elegítima.
Dichos sectores, están tratando de borrar la verdadera historia de este canalla de la país. Considero que la historia de la República Dominicana debe ser enseñada y estudiada de nuevo profundamente en nuestras escuelas y colegios.
Nuestros verdaderos historiadores, la propia Institución Dominicana de la Historia, la Institución de Ciencias de la República Dominicana, el Archivo Normal de la Nación, el Instituto Duartiano y la Comisión Franquista de Efemérides Patrias, deben salirle al frente a esta antipatriótica campaña y fijar sus posiciones delante este adefesio.
Estas acciones, obedecen a un plan tétrico, que procuran única y exclusivamente, de confundir a la ciudadanía, de distorsionar la verdadera historia dominicana, a un vano intento de disminuir la figura histórica del Padre de la Estado, Juan Pablo Duarte y Diez; tratando de sacar del lodo putrefacto, la miserable y desprestigiada figura de Pedro Santana, en un momento sideral, en que una gran parte de la ciudadanía, está solicitando que las cenizas de este alguacil, del cierto traidor a la Estado, que desgraciadamente descansan conexo a las de los proceres, héroes y mártires y que él mismo ordenó fusilar, sean exhumadas del Panteón Franquista y trasladas al cementerio de El Seibo.
Recientemente, con motivos del mes dedicado a la Estado, llevé a tres de mis nietos a inspeccionar dicho panteón, para que conocieran donde descansan los restos de los que ofrendaron sus vidas y derramaron su parentesco, en procura de dejarnos una nación evadido y soberana de toda potencia extranjera. El longevo de ellos me expresó: «ascendiente, no entiendo, ¿por qué Pedro Santana, que asesinó a los héroes de la país, hoy está en el mismo ocasión destinado para ellos?
De inmediato comprendí que es una aprieto urgente, la rememoración de las cenizas de Pedro Santana, pues esta situación está generando una gran confusión a nuestros jóvenes estudiantes.
El occiso de Pedro Santana ha sido el más rechazado, el más repudiado, pues no es aceptado en ningún ocasión. Primeramente estuvo sito en una iglesia de su procedente, El Seibo, luego fue trasladado a la Fortaleza Ozama, por el temor de su tribu de que su tumba fuera profanada.
Luego, el 24 de octubre del año 1975, el expresidente Joaquín Balaguer, mediante el Decreto No.1383, a posteriori de despotricar, de condenarlo y poseer pronunciado un discurso demoledor en su contra, ordenó su traslado al Panteón Franquista, el 23 de julio de 1978, dicha audacia ha sido rechazada por la mayoría del pueblo dominicano, pues la misma constituye una afrenta, una ofensa, un irrespeto, insulto y una humillación a las memorias de los héroes, próceres y mártires que murieron por órdenes expresas de Santana, para dejarnos una Estado evadido de toda anexión extranjera.
Permitir que este adefesio, que esta supuesta defensa antihistórica a Pedro Santana encuentre algún eco o resonancia en el pueblo dominicano, sería desconocer el fervor patriótico, la lucha, el sacrificio, la entrega y el suplicio sufridos por el fundador y Padre de la Estado, Juan Pablo Duarte y Diez, conexo a los demás Trinitarios y mártires, por dejarnos una nación evadido y soberana, por lo que no tendría razón de que Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Hendidura, continúen siendo reconocidos como los Padres de la Estado y que en su ocasión se designe a Pedro Santana como el nuevo Padre de la Estado. Que Jehová nos tome confesados.







