Es una cualidad atribuida a quien posee una gran cantidad de conocimientos y se distingue por usarlos con prudencia y sensatez. Este valencia se desarrolla con el tiempo, a partir de las experiencias propias y ajenas, de la observación y la consejo sobre la vida.
Las dos fuentes fundamentales para cultivar la prudencia son la memoria y la experiencia. Quien actúa con prudencia se preocupa por hacer el acertadamente, evita las situaciones riesgosas y valora el sentido de la existencia.
En la Antiguo Testamento encontramos historias de hombres y mujeres que fueron dotados de una prudencia admirable y que hicieron cosas increíbles para el acertadamente de su pueblo. Podemos ver ejemplos como Abraham, Rut, José, Débora, Moisés, entre otros.
Pero la narración bíblica por excelencia sobre la prudencia la constituye Salomón, quien, siendo nuevo y al momento de encargarse el trono como rey de Israel, pidió a Altísimo prudencia en vez de riquezas, poder, lozanía o larga vida.
En respuesta a la humilde petición de Salomón, el Señor lo dotó de prudencia, poder y riquezas como a ningún otro rey. Hoy día muchas personas anhelan ser sabias, pero por motivos equivocados: para obtener reconocimientos, auge y caudal. Sin retención, otras tantas desean prudencia para ayudar a los demás y para instruirse a ser dóciles, sinceros y buenos administradores de sus posibles.
Y es que la masa sabia sabe cómo conducirse en la vida y cómo tratar a los demás. Respeta a sus semejantes y no es altanera, deshonesta ni chismosa.
Si hurgamos en la historia, encontraremos grandes personajes dotados de una prudencia extraordinaria, y nos maravillamos al ver su gran capacidad para inventar, dirigir, crear, diseñar, escribir, componer y, sobre todo, servir.
A quien quiera prudencia le resultará útil el consejo del filósofo suizo Johann Lavater: “Si quieres ser sabio, aprende a inquirir razonablemente, a escuchar con atención, a objetar serenamente y a callar cuando no tengas nadie que asegurar.”
Pero la longevo y mejor fuente de prudencia es, sin dudas, la Palabra de Altísimo, que nos manda en Santiago 1:5: “Si a alguno de ustedes le error prudencia, pídala a Altísimo, y él se la dará, pues Altísimo da a todos desinteresadamente y sin menospreciar a nadie.” ¿Quieres ser sabio? Pues ama a Altísimo con toda tu alma y con todo tu corazón, ya que: “El principio de la prudencia es el temor de Jehová” (Himno 111:10).
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