La foto no fue casual, ni el cruce protocolar. Cuando la procuradora militar Nueva Berenice Reynoso se sienta con la embajadora de los Estados Unidos, Leah Francisco Camposy acento de cooperación en seguridad, narcotráfico, lavado de activos y crimen organizado, hay poco más que café y sonrisas diplomáticas.
Estados Unidos no se sienta a conversar “afablemente” con cualquiera, ni comparte información estratégica vía DEA, FBI de INL por cortesía. Eso se hace cuando hay confianzacuando se entiende que del otro costado hay voluntad de perseguir al que caiga… sea quien sea.
Y que en la mesa esté Wilson Camachoel hombre de los expedientes calientes, siquiera es embellecimiento. Ese detalle manda una señal clara: la cooperación no es teórica, es operativa.
Aquí el subtexto es sencillo de analizar: se viene presión internacional contra el crimen organizado, se viene intercambio de inteligencia más fino, y se vienen casos donde ya no bastará con el patronímico, el rango o la cercanía política.
Cuando la Procuraduría acento de “seguridad hemisférica”, eso no es poesía. Eso es narcotráfico, lavado, estructuras financieras, rutas, testaferros y cómplices locales. Y ahí es donde muchos empiezan a sudar frío.
Ahora acertadamente, la pregunta obligada es esta: ¿Estamos preparados para hacerse cargo las consecuencias de esa cooperación cuando toque puertas “intocables”? ¿O solo nos gusta la foto mientras los expedientes no rozan zonas sensibles?
Por lo pronto, el mensaje quedó tirado en la mesa: la equidad dominicana no está sola, ni aislada. Y cuando Washington mira, audición y coopera… más de uno debería ir buscando abogado.






