Hace un par de días, con profundo dolor me enteré del fallecimiento de mi amigo y contertulio Don Fernando Infanteun hombre de cultura, aficionado y cuidador de los libros; por demás, buen conversador, determinado que hablaba sin faltas ortográficas y abusaba de los gestos para confirmar o desmentir poco, pero siempre lo acompañaba de una sonrisa.
A don Fernando le conocí en el Archivo Militar de la Naciónalguno que otro sábado, en la mañana, allí se juntaba con Ramon Font Bernard y Alirio Paulino, entonces, se duraban horas hablando de historia, letras y de civilización mágico-religiosa, tratando de conocer la idiosincrasia del dominicano en sus diferentes niveles y épocas.
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En lo personal, me gustaba escucharles, los tres habían vivido y conocido los secretos del palacio desde la tiranía trujillista a los gobiernos Balaguerista. Sin incautación, Fernando como historiador publicó varias obras: Trujillo: tratamiento al hombre y su tiempo, La era de Trujillo, Una Cronología (1930-1961), así como asimismo Los 12 primaveras de Balaguer Cronología Histórica, y una acontecimientos sobre Rafael Leónidas Trujillo. Encima, Santo Domingo y Saint Domingue: un vistazo sobre su historia.
Fernando Infante escribía, leía y escuchaba la buena música, la compartía con café, amigos y tiempo para organizar ideas, reflexionar y despellejar la flema del pueblo dominicano en entender o digerir los procesos históricos y sociales.
Aunque fue Balaguerista, amigo personal de Balaguer, diplomático en El SalvadorMinistro en más de una ocasión, no aceptaba los excesos del gobierno de los 12 primaveras.
Infante había articulado propósitos de vida, y vida con propósito cerca de el logro, en lo usual con su esposa y sus hijos, en el servicio chupatintas, diplomático y político, de donde cuidó su hoja de vida y sus títulos.
Con los libros, los artículos y el software de televisión por varios primaveras, prestaba servicio a la sociedad, a través de sus ideas, su talento y su palabra. Pudo aparecer a una perdurabilidad útil, productiva y oxigenante, haciendo lo que le gustaba, viviendo sencillo y sutil, sin muchas cosas materiales, pero con una gran satisfacción por lo que había escaso existencialmente.
El posterior conferencia en su casa fue para agenciárselas datos sobre los conflictos de Johnny Abbes, Ramfis y Balaguer, yo sostenía que parecía una triología enfermiza, pero admisiblemente manejada por J oaquín Balaguer, donde aprendió a sobrevivir en la dictadura Trujillista.
En esa conversación apareció un montaña sobre la desaparición de Abbes García en Haití, donde Fernando siendo administrador de Dominicana de Aviación fue enviado por Balaguer, y allí se juntó por breves horas en la casa Abbes García, compartió con la esposa y sus dos hijos pequeños.
Siempre fue discreto, afable; un hombre medible, crítico, estudioso de la historia dominicana y latinoamericana, aunque confieso que, explica de forma metódica los conceptos filosófico y político de la vida de los estoicos.
Descansa en paz amigo Fernando, fortaleza para tu comunidad y tus amigos. Como hombre bueno y sabio, dejaste huellas y cultivaste amigos, lograste propósitos, varias historias y un puñado de sueños realizados que les sirven a través de los libros, conferencias y tertulias a varias generaciones.
Por lo pronto, que la tierra te sea leve y la inmortalidad noble para que puedas descansar. ¡Hasta luego amigo!







