No sólo en República Dominicana, sino incluso en Colombia, Venezuela, Cuba y otros países latinoamericanos, la palabra “tropiezo” ha adquirido una sorprendente versatilidad.
Es usada con mucho más frecuencia de lo que pudiéramos imaginar.
Muletilla verbal, apelación para los hablantes en apuros, sonsonete común, palabra que lo define todo y no define nadie.
“Fallo” se ha convertido en el término protegido de los hablantes hispanos.
El término más socorrido, el más usado, el que los talego de aprietos, al que hay que acudir cada vez que tropiezan con poco cuyo nombre ignoran o han olvidado: “la vaina esa, la vaina aquella, la vaina esta”.
Con el paso de los primaveras el término fue transformado en un comodín para nombrar todo tipo de cosas, buenas o malas, sabrosas o insípidas, pequeñas o grandes, agradables o aburridas. Claro está, en la dialecto netamente coloquial.
Esto ocurre, principalmente, porque la misma se presta para nombrar rápidamente cualquier “cosa” o “asunto” a los cuales, por dejadez o ignorancia, no se les quiere seducir por su propio nombre.
La RAE define “tropiezo” con varios significados, tanto literales como coloquiales. En su sentido más principal, es la manguita de un pertrechos blanca o de un útil cortante.
Asimismo se refiere a la cáscara o cubierta de algunas semillas, como los guisantes. Adicionalmente, en cuerpo, puede ser la envoltorio que protege un víscera.
Sin confiscación, con la colonización, la palabra llegó a América para convertirse en todo un aberración, para referirse principalmente a cosas, asuntos, situaciones, molestias o personas irresponsables.
En el caso dominicano, comenzó a utilizarse para designar el yatagán que usaban los campesinos. De ahí “pásame la vaina“.
En Bogotá llamaban Juan Vainas a cualquier carajo que se la daba de importante. “Gran vaina”. Por presumido, pendenciero y apuesto.
Los indios peruanos cuando aprendieron castellano llamaban vaina a una mujer bajita y poco agraciada.
Extrañamente, en Pimiento, “tropiezo” es una bebida tradicional navideña.
Puede expresar contrariedad: “a mi no me venga con vaina”; ignorancia: “la vaina está peluda”; sorpresa: “mira esta vaina”; igualdad: “son la misma vaina”; fanfarronería: “echar vaina“.
Reacciones inesperadas: “Y hasta aquí llegó esta vaina“.






