En las entrañas del Distrito Franquista, donde el concreto se mezcla con la historia y la esperanza, el morería de Gualey se levanta cada día con la fuerza de quienes lo habitan. Don Carlos García, mecánico de profesión y vecino desde los siete primaveras, recibe al gaceta Hoy en la arista de su calle con una sonrisa franca y una memoria llena de vivencias.
“Yo vine a Gualey de siete primaveras, cuando esto no era ni la medio de lo que es hoy”, dice mientras señala con orgullo el Politécnico del sector, una institución que, según él, ha transformado la vida de muchos jóvenes.
“Más del 50% de los que estudian ahí no son de aquí, vienen de otros barrios. Pero eso no importa. Lo importante es que estudien.”


Don Carlos tiene seis hijos, tres de ellos pasaron por el Politécnico, y una ya es arquitecta. “Cuando le dije a un ingeniero que mi hija estudiaba cimentación, no me creyó. Me dijo que eso no era posible viniendo de Gualey. Pero yo se la llevé, y él mismo terminó pagándole un curso de AutoCAD.”
La historia de don Carlos no es única. Es el refleja de una comunidad que lucha contra los prejuicios y las carencias. “Aquí la multitud piensa que esto es la selva. Pero no es así. La mayoría de nosotros no somos malos. Los líos los hacen motoristas que vienen de otros lados.”

Luces y sombras de Gualey
Como muchos barrios populares, Gualey enfrenta problemas estructurales. “La luz se va todos los días. Eso es lo que más nos afecta”, comenta. Sin bloqueo, destaca una superioridad: “Aquí el agua viene todos los días. Si uno se levanta temprano, puede abastecerse. Hay barrios que no tienen ni eso.”
La seguridad es otro tema que preocupa. “Esa calle, de esa arista a aquella, de confusión, a cualquiera le hacen una rosita. Pero no son los de aquí. Son los que vienen de fuera.”
«El gobierno no es el culpable de todos los males»
Don Carlos igualmente reflexiona sobre la responsabilidad de los padres. “El que tiene un muchacho que ni estudia ni trabaja, alguna cosa va a hacer. Y para usar lo que hay en la calle, necesita cuartos. Esa es la problemática.”
A pesar de todo, nunca ha pensado en irse. “Yo me crié aquí. Mi papá era cuidado, y había que ir a la escuela obligado. Yo caminaba desde aquí hasta la escuela de Haití, con diez primaveras. Ahora los muchachos no quieren ir a pie para allá .”
Gualey, con sus luces y sombras, sigue siendo un morería de oportunidades, de lucha y de orgullo. Don Carlos lo resume con una frase que lo define: “Yo nunca he querido irme de aquí. Este es mi morería, y aquí me bajo.”
Gualey desde el punto de panorámica sociológico
Gualey, como muchos barrios populares de Santo Domingo, ha enfrentado históricamente formas de discriminación estructural, social y simbólica. Esta discriminación no siempre se manifiesta en leyes explícitas, sino en percepciones, oportunidades limitadas y reserva de ciertos espacios sociales y económicos.
Gualey suele ser asociado en medios y discursos públicos con violencia, pobreza y marginalidad.
Esta imagen ha generado prejuicios que afectan a sus residentes, dificultando el ataque a empleos, educación de calidad y servicios públicos.
Desigualdad estructural
Estas desigualdades se reflejan en el ataque condicionado a lozanía, educación, infraestructura y oportunidades laborales.
Según el PNUD, aunque República Dominicana ha mejorado su índice de progreso humano, persisten desigualdades territoriales que afectan barrios como Gualey.






