
Vivimos en un planeta donde cada vez más se hace costumbre musitar de estrés, sofoco mental, agobio emocional y de otras situaciones que perturban el exposición común de las personas. Parece ser que el internet, el cambio de época tan acelerado en que nos encontramos y las maneras tan diversas de ver las cosas, han provocado esta forma intensa de poblar, llevándonos a estar desenfocados, humana y espiritualmente. Es sostener, cuando estamos sumergidas en una sociedad de muchas informaciones y pocas reflexiones, nuestra identidad, títulos y proyectos, corren el peligro de ser empañados o abandonados.
Por eso, cada ser humano tiene su método para no permitir que los acontecimientos externos, dañen su paz mental, sus sentimientos o sus emociones. Algunos van al recinto, otros hacen yoga, mindfulness, entre otras experiencias para controlar las tensiones humanas en las que estamos inmersos todos. Pero, aparentemente esto no está mal, porque es una opción en el interior de muchas, para no permitir que las realidades en nuestro diario poblar, terminen acabando con la vida. Lo difícil y arduo es, cuando hasta tomamos a Todopoderoso, especialmente la oración como parte del escape de nuestras afrentas del día a día, como excusa para no desavenir los dilemas propios de nuestra humanidad.
Sabemos que la oración es el medio para comunicarse con Todopoderoso. La vía para no sentirnos solos en este mundo. Implorar es imparcialmente tener fe en Todopoderoso cuando estamos confundidos y necesitados de su iluminación divina. Por eso se dice que quien se humilla y ora, escuchará tarde o temprano la voz de Todopoderoso. San Pío de Pietrelcina tiene una frase poderosa sobre la oración: “Ora, paciencia y no te preocupes”. Quien acude a la oración, lo hace y lo debe hacer siempre desde la humildad, porque es la mejor forma de convenir la gloria del artista de todo lo creado, en el bóveda celeste como en la tierra.
Sin retención, es amoldonado puntualizar que la oración no es laxitud. Venir a Todopoderoso para despabilarse ayuda y su protección, está adecuadamente, pero tomar a Todopoderoso como un estado de desestresamiento, como un calmante temporal, para escapar del mundo en que nos ha tocado poblar, es conveniencia espiritual. De ahí que es necesario comprender que Todopoderoso no es un mascota, siquiera una narcótico colocada por varias horas para que la mente salga de este planeta para descabalgar tensión hasta obtener el objetivo deseado, para luego soltar lo espiritual…
En concreto, una cosa es relajarse, despejar la mente, hacer una pausa en la cotidianidad, y otra, es prender aminorar a Todopoderoso a un simple refugio momentáneo. Por otra parte, no es amoldonado pasarle la vida completa en aparecer al artista como si fuera un bombero o la sala de emergencia de un hospital. En otras palabras, tiene que entrar un momento de seso humana, donde se acuda a la oración y a la presencia divina no como utilización, sino como agradecimiento y alabanza para seguir enfrentando con fortaleza y firmeza todo lo que nos salga al frente.






