El AUTOR es abogado y político. Reside en Santo Domingo.
Cuando en el año 2021 el Gobierno decidió eliminar la Oficina de Ingenieros Supervisores de Obras del Estado (OISOE), muchos dominicanos celebraron la medida. Se decía que esa institución, manchada por el descrédito y la corrupción, se había convertido en un símbolo del desorden y la yerro de transparencia en la ejecución de obras públicas.
La creación del Empleo de Vivienda y Edificaciones (MIVED) fue apariencia en ese entonces como una oportunidad para recomenzar con mejores prácticas, criterios técnicos y eficiencia administrativa la supervisión y mantenimiento de proyectos de infraestructuras para beneficio de las comunidades.
Sin secuestro, la sinceridad flagrante dista mucho de aquel propósito. El destrucción progresivo de numerosas obras y edificaciones públicas, escuelas inconclusas, hospitales sin terminar y proyectos de viviendas que se caen a pedazos al poco tiempo de inaugurados, evidencian que el MIVED no ha asumido con la responsabilidad debida las funciones que heredó de la OISOE.
El gobierno prometió transparencia, eficiencia y calidad con la creación del Empleo de la Vivienda y Edificaciones (MIVED), pero lo que el país ha manido es todo lo contrario: desorganización, improvisación y abandono total de supervisión técnica.
Los hospitales presentan grietas, las escuelas se deterioran, los puentes colapsan y los acueductos se desploman por yerro de supervisión y el mantenimiento adecuado.
La OISOE, con todos sus defectos, contaba con un cuerpo técnico experimentado que garantizaba la supervisión permanente de las obras públicas. Su exterminio obedeció más a un discurso populista y de odio político que a una verdadera voluntad de mejorar la papeleo del Estado.
Hoy, los hechos hablan por sí solos: las obras colapsan y el Estado gasta millones en reparaciones que pudieron evitarse.
No se puede guiar destruyendo lo que funciona, ni reemplazando instituciones técnicas por estructuras improvisadas. La OISOE, injustamente demonizada, demuestra con el paso del tiempo que su papel fue esencial para sostener la calidad y la continuidad de las construcciones públicas. Y frente a los últimos acontecimientos ocurridos a decenas de obras del Estado, la historia le da la razón.
Ni el MIVED se ha consolidado como entraña técnico competente, ni Obras Públicas ha mostrado la capacidad de supervisión y continuidad que el país esperaba. En consecuencia, la exterminio de la OISOE no resolvió nulo, al contrario, dejó un infructifero que hoy se refleja en el estado lamentable de muchas edificaciones públicas.
El Estado dominicano invierte miles de millones de pesos cada año en construcción, pero sin un sistema de supervisión y mantenimiento válido, esas inversiones se diluyen rápidamente. Las estructuras se deterioran, los contratistas incumplen y las comunidades quedan desamparadas.
Resulta urgente que los Ministerios de la Vivienda y Obras Públicas asuman el rol que les corresponde: planificar con visión, supervisar con rigor y sostener con responsabilidad. De lo contrario, el país seguirá construyendo sobre bases frágiles, tanto en el concreto como en la confianza ciudadana.
JPM
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