Por Néstor Estévez
Estamos viviendo la moda de las microcelebridades. En mis habituales búsquedas, el término llegó a mi clarividencia y retó a mi curiosidad. Eso ha provocado que busque más, que encuentre y que además comparta.
Microcelebrity (microcelebridad, en castellano) es un término acuñado por Theresa (Terri) Senft, en 2001, aunque se popularizó tras la publicación de su tomo Camgirls: Celebrity & Community in the Age of Social Networks, en 2008. «Camgirls” hace relato a mujeres que transmiten en vivo por webcam, un concepto central en el tomo de Senft. Y la segunda parte del título puede traducirse como “triunfo y comunidad en la era de las redes sociales».
Así, la estudiosa estadounidense fogata microcelebridades a las personas que usan plataformas digitales —como webcams, blogs o redes sociales— para construir una imagen de sí mismas y atraer una comunidad específica, sin ser famosas en el sentido tradicional.
Desde su surgimiento, el término ha venido evolucionando. En la contemporaneidad, ¿qué significa “microcelebridad”? Desde el punto de clarividencia semántico, esa palabra tiene cuatro características fundamentales: se comercio de multitud famosa en su propio corro. En consecuencia, son figuras reconocidas adentro de comunidades pequeñas o nichos integrados por seguidores con algún interés en popular. No son estrellas globales, pero sí figuras de relato para su audiencia.
Sean conscientes o no de ello, trabajan su marca personal. Explica Senft que una microcelebridad asume “el compromiso de desplegar y abastecer su identidad online como si fuera un producto de marca”. Por eso, regularmente, planifica qué mostrar, cómo hallarse y cómo interactuar para construir y abastecer esa “marca” personal.
Otro aspecto esencia es su táctica consciente de visibilidad. Una microcelebridad gestiona su imagen con cuidado, y comercio lo suyo como si fuera un plan: elimina fotos no deseadas, cuida privacidad, rebate a comentarios, emplea hashtags, etc., para mantenerse visible. A esto se suma una vistoso “autenticidad”. Pero ojo: aunque las microcelebridades buscan destacar, además transmiten cercanía o “normalidad”. En realidad es el truco que les otorga “poder” porque eso fortalece las relaciones emocionales parasociales con su audiencia.
Pero ¿cómo ha evolucionado el tema de las microcelebridades? Recordemos que Senft se limitó inicialmente a las “camgirls” que transmitían en vivo por webcam. Pero más delante, con el auge de la “marca personal” y el aceleramiento de la tecnología en el campo de la comunicación, otros estudiosos ampliaron su foco en dirección a redes sociales masivas como Facebook, YouTube, Instagram o TikTok.
A las “camgirls” se les considera precursoras de los “influencers” actuales. Ya desde aquella primera etapa ellas mostraban cómo construir comunidad en recta, monetizar la atención y negociar entre autenticidad y marketing. Así anticiparon el trabajo emocional y de visibilidad que hoy hacen los “influencers”.
Esto, como es entendible, viene acompañado con su carga de problemas. Con cierta frecuencia trascienden desde asesinatos hasta suicidios de “influencers”. Cuando no, bajo el argumento de que se comercio de “producir contenido” o que realizan algún “cuestionario social”, son muchos quienes intentan razonar sus travesuras y hasta ciertos delitos. Es entendible que eso ocurra cuando no se tiene idea de las implicaciones de ser “figura pública” o cuando solo se llega al tema mediante el “encanto” que los medios suelen provocar.
Es penoso, pero muy auténtico que la gran mayoría de incautos desconozca que hacerse visible en internet, sobre todo con la ayuda de la famosa “viralidad”, ciertamente da poder, pero además incluye exposición a críticas, acoso y hasta explotación. Por eso muchas microcelebridades enfrentan la triste efectividad de mantenerse relevantes y accesibles a costa de perder su privacidad y en muchos casos hasta su salubridad mental.
Por eso, aunque mucha multitud asume que lo que no aparece en las redes no ha ocurrido, lo auténtico es que se comercio de un mundo de pantallas para afectar. Por eso, quien no se toma el trabajo de indagar suele quedarse con cualquier cosa como “verdad”. Muchas veces suele ser demasiado tarde para descubrir que la vida auténtico es muy diferente a lo que nos muestran las redes. Pero claro, no es casualidad que así ocurra. Es que así opera la moda de las microcelebridades.







