El implacable aumento de los precios de la memoria impulsado por la insaciable demanda de hardware para centros de datos generada por el auge de la IA ha renovado un añejo debate sobre si el software actual ha engordado inexcusablementesostiene una columna del Register. El artículo señala al Administrador de tareas de Windows como un caso de estudio: el ejecutable flagrante ocupa 6 MB en disco y exige casi 70 MB de RAM solo para mostrar información del sistema, en comparación con los 85 KB del innovador.
“Su sucesor no es mucho más sencillo”, señala la columna. El autor traza un paralelo con la crisis del combustible de la período de 1970, cuando la escasez de energía impulsó ganancias de eficiencia, y sostiene que la flagrante crisis de memoria podría someter a una disciplina similar. “Los desarrolladores deberían considerar con precisión qué cantidad de entorno efectivamente necesitan y consagrar esfuerzos a la eficiencia”, añade la columna. “Los directivos deben comprobar de tener además el espacio para hacerlo”.
El artículo reconoce que “revertir décadas de crecimiento de aplicaciones no sucederá de la oscuridad a la mañana”, pero pide que se repiensen las cadenas de herramientas y se otorguen recompensas “por su compacidad, tanto en reposo como en funcionamiento”.





