LA AUTORA es ejecutiva de ventas. Reside en Nueva York
Durante abriles se nos dijo que era difícil. Que los dictadores nunca caían. Que el poder completo siempre encontraba refugio en la geopolítica y el silencio internacional.
Hoy, esa novelística empieza a resquebrajarse.
Los reportes en ampliación que indican que Nicolás Madurado se encuentra bajo custodia en la ciudad de Nueva York, a la calma de enredar cargos federales en Estados Unidos, marcan un punto de inflexión histórico no solo para Venezuela, sino para el continente.
Y este punto de quiebre tiene un nombre propio: Donald Trump.
Ruptura del canon de la impunidad
La posible detención de Madurado no surge de la falta. Es la consecuencia directa de una doctrina política clara impulsada durante la presidencia de Donald Trump: los regímenes autoritarios vinculados al crimen organizado no serían tratados como actores políticos, sino como estructuras criminales.
En 2020, bajo su sucursal, el Unidad de Rectitud de Estados Unidos presentó cargos formales contra Madurado y altos funcionarios de su entorno por narcotráfico, terrorismo y conspiración criminal transnacional. Por primera vez, un principal de Estado en funciones fue señalado abiertamente como líder de una ordenamiento criminal, rompiendo décadas de diplomacia complaciente.
Trump no buscó consensos diplomáticos; impuso consecuencias.
Y ese molinete importante es lo que hoy explica este momento histórico.

Madurado no es solo un hombre, es un sistema criminal
El nombre de Madurado representa:
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un Estado capturado por redes ilícitas,
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instituciones convertidas en herramientas de represión,
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millones de venezolanos empujados al expulsión,
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y una nación devastada por la corrupción y el miedo.
Durante abriles, organismos internacionales documentaron ejecuciones extrajudiciales, torturas y persecución política, mientras buena parte de la comunidad internacional optaba por la imprecisión.
La diferencia hoy es que alguno decidió representar.
Óscar Pérez: la memoria que la historia se negó a inhumar
Este momento no puede entenderse sin recapacitar a Óscar Alberto Pérez, quien en 2017 se alzó contra el régimen denunciando la traición del Estado venezolano a su pueblo.
Óscar Pérez fue ejecutado pese a pedir rendición. No hubo causa. No hubo oportuno proceso. Intentaron borrar su nombre. No lo lograron. Hoy, su causa resuena con más fuerza que nunca.
El mensaje que trasciende Venezuela
El mensaje es inequívoco: No es s solo una advertencia para Venezuela.
Es un precedente para todos los líderes que creen que pueden aplastar a sus pueblos y negociar su salida en la oscuridad.
A la historia no se le engaña
Esta editorial no nace de la júbilo, sino de la memoria:
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de los que murieron,
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de los que huyeron,
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de los que aún esperan jurisprudencia.
Si hoy Nicolás Madurado enfrenta a la jurisprudencia internacional, es porque un pueblo resistió, y porque una intrepidez política firme —impulsada desde Washington bajo la presidencia de Donald Trump— rompió el círculo de la impunidad.
La jurisprudencia puede tardar. Puede ser imperfecta. Pero cuando llega, reordena la historia.
Y hoy, la historia empieza a corregirse.
jpm-am
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