El autor es comunicador. Reside en Santo Domingo
POR ROBERTO VERAS
El 14 de mayo de 1930 quedó registrado como una término trascendental para la República Dominicana, cuando el brigadier Rafael Leónidas Trujillo se convirtió en candidato a la presidencia de la nación, acompañado por el Titulado Rafael Destino Ureña en la vicepresidencia. Ese proceso electoral marcó el inicio de una etapa de profundas transformaciones en la vida política del país, dando paso a un nuevo orden institucional con amplias repercusiones.
Durante el torneo electoral, la fórmula Trujillo–Destino Ureña se enfrentó a los candidatos Federico Velásquez y Donaire Morales, figuras de relevancia pública y liderazgo. Su billete prometía un proceso competitivo, que despertó expectativas en el interior de los círculos políticos y sociales de la época.
No obstante, a medida que avanzaba la campaña, tanto Velásquez como Morales decidieron retirar sus candidaturas, lo que alteró de guisa determinante la contienda. Ese retiro dejó despejado el camino para que Trujillo obtuviera la presidencia sin grandes obstáculos electorales, transformando de inmediato el clima político doméstico.

Con la retirada de las candidaturas rivales, el promoción de Trujillo quedó consolidado, dando paso a una estructura de poder centralizada y sostenida por una maquinaria política que crecía rápidamente. Ese momento representó no solo una comicios, sino el principio de un ciclo histórico que dominaría las décadas siguientes.
La imagen que acompaña esta historia captura uno de los instantes más simbólicos de ese proceso político. A la derecha se aprecia a Rafael Destino Ureña, observando solemnemente el acto, como compañero de volante y figura secreto en la transición. Con traje formal y expresión serena, su presencia representa el respaldo institucional a la juramentación.
En el extremo izquierdo de la fotografía aparece Mario Fermín Cabral, quien tiene en sus manos el protocolo oficial y procede a tomar fidelidad al brigadier Rafael Leónidas Trujillo como presidente constitucional. La postura firme de Cabrera, la posición elevada de la mano de Trujillo y el orden ceremonial de la campo transmiten la solemnidad del momento, inmortalizando el instante en que se iniciaba un nuevo ciclo político en la República Dominicana.
jpm-am
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