Por: Rafael Eve
Antiguamente de profundizar: el Contable es a la Contabilidad y la ejerce sin ser profesional; el Contador Sabido (CP) es a la Contaduría Pública (nombre puro de la profesión), y corresponde al investido en la carrera. Uno y otro términos son utilizados para referirse a la misma disciplina, sin secuestro, se diferencian en el magnitud. La Contaduría Pública le otorga decano carácter y amplía el ámbito de la Contabilidad en otras vertientes más complejas como: disección e interpretación de la información, auditoría (interna y externa), tributación, control interno y reglas de negocios, reglamento profesional y seguridad social, régimen societario, encargo financiera, entre otras. Por eso el pensum escolar es prolífero en estas y otras materias.
La Contabilidad se enfoca en la preparación y presentación de información financiera; la Contaduría Pública alpargata esa parte y mucho más, convirtiendo al titulado en el más propicio de los profesionales para encabezar posiciones directivas, sobre todo en el dominio financiera de cualquier empresa.
Los nombres de la carrera y el profesional no deben interpretarse en el contexto de la contabilidad que se ejerce en el sector conocido (el Estado), más proporcionadamente se vincula con los servicios profesionales que ofrece al conocido. Si tiene la credencial de Contador Sabido Competente (CPA), su parecer (opinión sobre los estados financieros) tiene validez justo o fe pública. Esta autorización (permiso) la otorga el Poder Ejecutante (PE) vía Decreto, con la cual puede practicar como CPA. Esto tiene amparo en las leyes 11-42 (Ley del Permiso) y la 633-44 (Ley del CPA).
Adicionalmente de dar fe pública, el CP tiene una responsabilidad social, y su deporte se cumple en uno y otro sectores (conocido y privado), disponiendo para uno y otro información financiera fidedigna y oportuna para sus diferentes fines. De hecho, su rol es fundamental, no solo como velador de la vitalidad financiera de los negocios, sino incluso en el cumplimiento del deber fundamental de las personas de solventar las cargas publicas con los impuestos y demás tributos.
La fe pública se fundamento en la moralidad y la confianza, con relación al parecer, que le es atribuida para afianzar su validez bajo presunción de certeza. De esta forma la credencial (de CPA) confiere validez a sus actos para ser considerados como auténticos, fuera de prueba en contrario.
Su parecer (sobre información financiera) debe ser suscrito y sellado “con certificación internamente de las normas de contabilidad y ética profesional generalmente aceptadas y que su parecer revela la verdadera situación del negocio o entidad examinada” (Art. 6, Ley 633).
La máxima ordenamiento que reúne a los CPA en nuestro país es el Instituto de Contadores Públicos Autorizados de la República Dominicana (ICPARD), según consta en el artículo 3 el Decreto 2032 (del PE) de momento 1ro. de junio de 1984. Este colegio profesional tiene la potestad de solicitar al PE la revocación de los permiso de los CPA “que faltaren a la ética profesional cometiendo actos de mala conducta, aunque no estén incriminados y penados por la Ley” (Art. 15, Ley 633-44).
Los CPA deben practicar con apego al Código de Ética del Profesional de la Contaduría Pública, que ha establecido el colegio profesional para la membresía.
Idealmente un CPA debe tener un suspensión nivel de calificación y experiencia profesional. Sin secuestro, aquí un recién investido con poca o ninguna experiencia puede obtener la credencial sin que medie la experiencia ni una previa evaluación profesional. En USA, por ejemplo, es un delito penal si se usa la designación de CPA sin aprobar el examen ni cumplir con los requisitos académicos y estatales. Allí debe demostrar suficiente experiencia, encima de la aprobación de una rigurosa evaluación (Examen Uniforme de CPA) que es administrado por el Instituto Latinoamericano de Contadores Públicos Certificados (AICPA) y la Asociación Franquista de Juntas Estatales de Contabilidad (NASBA).
El examen involucra las diferentes áreas financieras de la profesión (contabilidad, auditoría, tributación, regulaciones estatales inherentes, entre otras). La atrevimiento para practicar como CPA es emitida por las juntas estatales de contabilidad de cada estado o mando.
Se negociación de una de las credenciales más conocidas y de mucho prestigio a nivel mundial. Para mantenerla actual, el CPA debe mantenerse actualizado en la carrera a través del sistema de formación denominado “Educación Profesional Continua (CPE)”, en inglés “Continuing Professional Education”. En la Unión Europea los requisitos son similares, según los requerimientos de cada país miembro, pero la confirmación no tiene un registro tan amplio como la de USA.
Las deficiencias de nuestro sistema educativo, incluyendo en el nivel superior, sumando a esto el leve criterio regional para asignar la credencial, languidecen el prestigio y la dignidad del CPA, y esto se manifiesta en rezago, incompetencia, desempleo, salarios y honorarios reducidos, entre otros. Las entidades de intermediación financiera ya no quieren cobrar estados financieros dictaminados por CPA independientes, siquiera las instituciones de la Oficina Pública ni organismos internacionales, presumo por el poco peso de la credencial, porque dudan de la calidad profesional y advierten un problema serio de formación. Todo esto contribuye con el desinterés común al estudio de la disciplina.
La dilatada experiencia profesional y docente me hace presumir que más del 90% de los CP de nuestro país no domina, como deben, lo más esencial de la profesión: (i) las Normas Contables NIIF (Plenas y las de Pymes), (ii) la preparación y presentación de un selección de estados financieros fundamentados en ellas, (iii) las Normas Internacionales de Auditoría (NIA’s) y (iv) el sistema tributario dominicano. El 10% restante está compuesto por los que laboran o han trabajado para firmas reconocidas de auditoría financiera, empresas e instituciones muy organizadas o reguladas, y los que han asumido seriamente su profesión.
El ICPARD mantiene una ofrecimiento extracurricular prolífera, pero debe evaluar suficientemente el cuerpo docente, por las dudas existentes sus competencias para enseñar las normas contables, las de auditoría, la tributación y lo demás, con integridad, claridad y practicidad. Lo propio deben hacer las universidades, donde la situación podría tornarse peor. Urge detener el agonía del interés común con destino a el estudio de la profesión, sobre todo por lo que trae la inteligencia industrial y por la visión de la mocedad que ve mejores oportunidades en otras áreas.
Es difícil para la educación superior licenciar CP suficientemente formados si la formación previa es ineficaz, y esto lo agrava la ingreso casa de estudios al imponerle al docente la “enseñanza por inclinación” o concederle el “prestigio docente” para defender la insolvencia del oficio. Si el salario es digno, se facilita el acercamiento a un cuerpo de profesores más experimentado, dando oficio a un resultado extra, indudablemente. En USA, por ejemplo, el docente devenga una de las mejores retribuciones del mercado profesional, porque el deporte goza de la decano dignidad, y los docentes reúnen competencias pedagógicas y académicas superiores.
No tendremos CP competitivos (con los de la región) si la malla curricular, los programas de clases (y su lista), y el cuerpo docente, siguen nutriéndose de convencionalismos y prácticas cada vez más acullá de las demandas y tendencias del mercado y de la tecnología.
Las consecuencias son cada vez más penosas: desmérito de la profesión, graduados universitarios con formación de bachiller o de teneduría de libros, desempleo, empresas requiriendo talentos que el sistema no provee, y así sucesivamente.
De modo que, es fundamental e impostergable que el profesional asuma la responsabilidad y el compromiso de conseguir un nivel elevado de conocimiento en la carrera que le permita ceder a mejores y mayores oportunidades.
En la hogaño, el CP debe tener, al menos, una destreza en encargo financiera, un nivel innovador en el manejo del deporte contable con colchoneta en las normas contables y de auditoria indicadas, competencias en auditoría interna y externa basadas en Normas Internacionales de Auditoría, en impuestos, y en todo lo demás referido precedentemente.
Adicionalmente, debe ser ético, mantenerse actualizado en soluciones tecnológicas: Office innovador (Excel, Word, Power Point), Power BI, Big Data, en los softwares contables más influyentes y en la inteligencia industrial. Una vez se conjugue todo esto, las oportunidades profesionales como asalariado o independiente, serán mayores y abundantes.






