SANTO DOMINGO.-Dada las facilidades que ofrece la inteligencia fabricado (IA), esta utensilio basada en algoritmos se ha convertido en un prosperidad o dormitorio secreto para el “expansión de la humanidad”.
Igual ejerce una presión adicional en detrimento de bienes vitales como el agua y la energía, acentuando los género de gases invernaderos que generan el cambio climático, porque obliga a un viejo consumo de los referidos bienes.
Nathalie Almonte, investigadora, consultora y estratega en comunicación, cine e inteligencia fabricado aplicada, pone de manifiesto que por otra parte de energía y agua, la IA tiene una dimensión material: chips especializados, ciclos de renovación acelerados y una esclavitud de suministro que culmina en residuos.
“La IA pasó de ser una promesa técnica a una infraestructura cotidiana: recomienda contenidos, automatiza procesos, analiza datos y acelera la investigación científica.

Sin confiscación, su relación con el medio animación es ambivalente, así como puede ayudar a acortar emisiones y bazofia, además aumenta la demanda de energía, agua y hardware”, reflexiona la académica.
Citó un trabajo en Nature Computational Science que advierte sobre el aventura creciente de basura electrónica asociada a la expansión de la IA generativa y su hardware, con escenarios que pueden progresar a niveles preocupantes cerca de 2030.
En la parte positiva, explico que puede contribuir a la mitigación climática si se aplica en sectores de parada impacto, y un artículo de narración sobre estudios automotriz y cambio climático identifica oportunidades en redes eléctricas inteligentes, integración de energías renovables, eficiencia en edificios, optimización transporte, agricultura de precisión y monitoreo ambiental, donde pequeñas mejoras porcentuales pueden traducirse en grandes reducciones de emisiones.
Clima
Almonte consolida trayectoria académica y profesional en el ámbito de la educación superior y la innovación, asegura que la discusión no es si impacta, sino en qué condiciones se convierte en aliada climática o en una nueva fuente de presión ecológica, y uno de los que cita más visibles está en la electricidad requerida para entrenar modelos avanzados.
“Investigaciones académicas han mostrado que el entrenamiento de modelos grandes puede implicar consumos significativos y que, por eso, se necesita transparencia y estandarización al reportar emisiones asociadas al enumeración”, puntualiza.
El impacto, por otra parte, no depende solo del “tamaño” del maniquí, refiere que importan la eficiencia del hardware, el diseño del sistema, la ubicación del centro de datos y la mezcla eléctrica del país donde se ejecuta.
Revela que un estudio sobre huella de carbono de entrenamientos a gran escalera demuestra que decisiones como dónde y cuándo entrenar pueden cambiar la huella climática de forma drástica.
Reitera que al panorama se suma un petición cada vez más sensible: el agua, que forma parte de la refrigeración de los centros de datos y de los procesos asociados, los cuales pueden traducirse en huellas hídricas relevantes, y estudios recientes proponen métodos para medirla y reducirla mediante selección de ubicación, tecnología de refrigeramiento y horarios de enumeración.
Un duelo
– Oportunidades
Para República Dominicana y el Caribe, la conversación debe aterrizarse en los estándares ambientales se exigirán, en cómo se protegerá el agua, beneficios locales (empleo, investigación, servicios) y en cómo usar la IA para anticipar eventos extremos, optimizar el uso de la energía, acortar pérdidas agrícolas y reforzar la dirección ambiental.






