La Evaluación del Desempeño Docente, un propósito del Profesión de Educación que enfrentó al entonces titular Donaire Hernández con la vanguardia de la Asociación Dominicana de Profesores, ha vuelto a ser asunto de conversaciones, pero esta vez de parte del ministro Luis Miguel de Camps.
Inicialmente había sido ajustado un acuerdo según el cual, en abril de este año, sería iniciado el proceso de evaluación, que concluiría en junio, pero ayer de que empezara su aplicación fue afamado un nuevo ministro, que por asistir de otra institución, tenía que ponerse al día con los temas y los tiempos.
En las discusiones entre el ministro y los representantes de ADP alcanzó notoriedad el punto de las calificaciones a partir de las cuales a los docentes se les aplicarían incentivos y lo que se haría con aquellos con notas por debajo de lo que se consideraba suficiente.
Para Educación parecía un proceso llamado a mejorar la calidad del docente. Para la ADP una vía para dotar a profesores y personal funcionario con mejores ingresos. Para quienes miraban desde fuera, entre ellos algunos críticos de la calidad de la educación, se trataba de una oportunidad para calibrar al docente y apartar del sistema a quienes no aportan para que tengamos una educación pública de calidad.
Desde el Profesión de Educación fue dispuesta la posposición de la evaluación, posiblemente para octubre, poco a posteriori del inicio del año escolar, programado para días finales de agosto.
Ahora han sido juramentados integrantes de comisiones responsables de organizar y ejecutar la llevada y traída evaluación. Lo hizo ayer el ministro De Camps.
Advirtió, sin confiscación, que esta evaluación no debe ser olfato como un razón, sino como una útil para honrar la trayectoria de los docentes y acompañarlos en su expansión profesional.
No hay que hacerse, por lo manido, grandes ilusiones.






