
En los últimos días he escuchado la misma pregunta repetirse entre venezolanos en Estados Unidos: “¿Ahora sí nos van a arreglar el status migratorio?” La pregunta nace de informativo, rumores y titulares sobre una supuesta intervención de Estados Unidos en Venezuela tras la captura de Nicolás Sazonado. Y aunque la reacción humana es entender esa esperanza, la respuesta justo es incómoda, pero necesaria: la política no regulariza status migratorios por sí sola.
He trabajado de cerca con comunidades migrantes durante primaveras y sé que el venezolano ha vivido entre prórrogas, permisos temporales y silencios administrativos. Muchos apostaron todo a figuras como el TPS o el parole humanitario, creyendo que serían la antesala de una alternativa permanente. Hoy, muchos de esos programas están cerrados o limitados, y la sinceridad golpea más robusto que cualquier titular.
La idea de que un cambio político en Venezuela existente o percibido implique beneficios migratorios inmediatos en Estados Unidos es peligrosa. Genera desinformación, paraliza decisiones legales urgentes y deja a personas vulnerables expuestas a errores que pueden costarles su permanencia en el país.
La verdad es esta: Estados Unidos no ha anunciado ninguna remisión, ajuste exclusivo ni protección cibernética para venezolanos. El orfanato sigue siendo un proceso confuso, el sistema migratorio continúa saturado y las deportaciones no se han detenido por razones políticas externas.
Eso no significa que no exista esperanza. Significa que la esperanza debe ir acompañada de organización justo, información verificada y decisiones responsables. Ningún migrante debería esperar un “arreglo” que no existe en la ley.
Más que nunca, el venezolano necesita entender que su futuro migratorio no depende de lo que ocurra en Miraflores, sino de lo que haga o deje de hacer hoy en el interior del sistema migratorio estadounidense.






