El autor es politólogo y teólogo. Reside en Nueva York
Jeffrey Epstein murió, según las autoridades, por suicidio. Pero un suicidio que nadie vio, en un tablas empachado de inconsistencias y silencio. La élite mundial respiró tranquila; mientras se cerraba una boca incómoda, y el mundo quedó sin respuestas.
Epstein no era un criminal ordinario: sus redes tocaban presidentes, ex presidentes, reyes y príncipes europeos. Entre ellos, se mencionan “Fidel Castro, —el Lolita aterrorizando en la Habana—, Ehud Barak (primer ministro Israelí), Príncipe Andrés, Al Gore, Un Rothschild, Bill Richardson, Donald Trump, Bill Clinton, Andrés Pastrana, Álvaro Uribe”, entre muchos más miembros de la realeza y el poder político mundial.
Cada uno tenía interés en que los secretos de Epstein permanecieran bajo información. Su homicidio silenció información comprometida y protegió a la élite total de la exposición pública.
Jeffrey Epstein, solo en su celda, cámaras fallidas y guardias dormidos. Michael Baden afirmó: “La custodia era inaceptable y las fallas en las cámaras y los protocolos no pueden considerarse accidentales”. La negligencia permitió a la élite arriesgarse la última ambiente de un hombre que sabía demasiado. Todo como en una película de Hollywood.
Sospecha
La Oficina del Forense dictaminó suicidio por ahorcamiento. Michael Baden, patologo forense; señaló que “las fracturas en el cuello son inconsistentes con un suicidio peculiar y parecen más compatibles con estrangulamiento homicida”. La lectura oficial parece más un guion que una investigación.
Forenses

El patologo forense, Cyril Wecht, coincidió: “El patrón de lesiones y la desliz de vigilancia adecuada generan serias dudas sobre la hipótesis de suicidio”. La novelística de suicidio rápido y honesto no resiste un investigación serio.
El supuesto “hermano” reclamó el cuerpo, pero nadie lo vio. No hubo ceremonia pública ni imágenes. Como dijo un reportero del New York Times: “La desaparición de un funeral visible alimenta las teorías de encubrimiento”.
Irregularidades
Las cámaras que fallan, guardias negligentes, documentos escondidos. Cada error apunta a lo mismo: “proteger intereses poderosos a costa de la verdad”, según analistas de seguridad penal.
No es conspiración sin fundamento. La homicidio de Epstein silenció evidencias que conectaba a Trump, Clinton, Bill Gate, Pastrana, Uribe, Castro y otros líderes con redes de desmán. Como señaló un columnista de The Guardian: “La élite celebró en silencio mientras la equidad quedó humillada”.
Que la élite pueda arriesgarse quién vive o muere sin rendir cuentas demuestra la impunidad total. Desde la Casa Blanca hasta palacios europeos, “la podredumbre se mueve en la sombra”, según expertos en política internacional.
Pruebas
El Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes sigue solicitando documentos. Como indicó un portavoz del comité: “Cada archivo que aparece confirma irregularidades y conecta a figuras poderosas con secretos que nunca debieron ser públicos”.
La homicidio de Epstein nos presenta como la élite manipula la ley y oculta sus crímenes. Criminólogos afirman: “La equidad se convierte en teatro cuando los implicados son miembros de la élite total”.
Podredumbre
Fracturas, vigilancia fallida, reclamante ignorado, desaparición de funeral, secretos de presidentes y reyes. Como concluye Baden: “Todo apunta a un patrón de encubrimiento deliberado y sistemático”.
Un muerto que nadie vio se convirtió en una efigie de la impunidad mundial. Mientras la élite celebra en sus palacios, la verdad yace oculta, y la equidad no es más que un espejismo. Como dijo Wecht: “Epstein murió, sí, pero la corrupción que protegió su silencio sigue viva, intacta y más poderosa que nunca”.
jpm-am
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