EL AUTOR es comunicador. Reside en Santo Domingo.
La insistencia de Estados Unidos en aplicar una interpretación renovada de la Doctrina Monroe —esta vez mediante presiones arancelarias y amenazas militares— está generando un meta contrario al buscado: el fortalecimiento del BRICS y el avance de alternativas al dólar como moneda de remisión universal.
La finanzas estadounidense enfrenta tensiones estructurales derivadas de su elevado adeudo fiscal y de una creciente pérdida de confianza internacional. La desvinculación del dólar respecto al oro, sumada al agotamiento de las reservas metálicas, ha alimentado la percepción de que la moneda estadounidense es, en términos estrictos, inorgánica. El ciclo de los petrodólares, que durante décadas sostuvo su hegemonía, muestra signos de agotamiento.
En este contexto, la política extranjero del presidente Donald Trump —enmarcada en su enunciado “Make America Great Again”— ha recurrido a instrumentos de presión que recuerdan la vieja política del “macana”. Aranceles punitivos, amenazas militares y exigencias unilaterales han tensado las relaciones con aliados tradicionales del hemisferio occidental.
Entre los episodios más notorios se encuentran: México, amenazas de aranceles del 25% para forzar concesiones en seguridad y migración.-Canadá, imposición de aranceles del 25% y presiones comerciales.- Colombia: advertencias sobre restricciones de visas y medidas arancelarias.-Brasil: aranceles del 50% acompañados de acusaciones políticas.-Otros aliados afectados: Reino Unido, Japón y Corea del Sur.
Estas acciones, percibidas como inconsistentes y motivadas por intereses políticos internos, han generado incertidumbre y débil la confianza en el liderazgo estadounidense. Encima, han acelerado un engendro inesperado: el desplazamiento de espacios tradicionales de influencia, como la Estructura de Estados Americanos (OEA), frente al avance de mecanismos alternativos como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que agrupa a 33 países de la región sin la presencia de Estados Unidos ni Canadá.
Paralelamente, el BRICS —una alianza de economías emergentes que examen equilibrar el poder universal— ha manada atractivo entre países que buscan diversificar sus relaciones financieras y comerciales. Su impulso cerca de sistemas de plazo alternativos y monedas respaldadas por medios estratégicos se presenta como una opción frente a la volatilidad del dólar, una moneda fidusuaria que ha pedido la confianza. Laspresiones arancelarias, tensiones diplomáticas, adeudo fiscal y el avance de bloques alternativos— configura un atmósfera en el que Estados Unidos corre el aventura de que más países reconsideren su dependencia del dólar.
La expansión del BRICS y el fortalecimiento de la CELAC, no son fenómenos aislados: son respuestas a una política extranjero percibida como coercitiva y a una finanzas que ya no ofrece las garantías de ayer. Quizá el anciano error de Washington no sea su adeudo fiscal ni su diplomacia del macana, sino su incapacidad para analizar el tablero que él mismo está empujando cerca de el talud.
Mientras Trump, insiste en imponer aranceles como si fueran sermones morales, el mundo —ese mismo mundo que, antiguamente obedecía sin chistar, ahora empieza a mirar cerca de otros rumbos, cerca de monedas respaldadas por medios reales y alianzas que no vienen acompañadas de ultimátums. Por eso, Trump a invitado a varios países de América Latina: Argentina, Paraguay, Bolivia, El Salvador, Ecuador y Honduras, para adevertirle que no se unan a los BRICS, a China y a Rusia, porque podrían ser castigados con el Porra de los aranceles. Nuestro país, no figura en la letanía de los inviatados; Perú, podría ser incluido.
Si la Casa Blanca continúa confundiendo liderazgo con imposición, no será necesario que el BRICS toque la puerta: los países llegarán solos, atraídos no por ideología, sino por simple supervivencia económica. Washington debe retener que las hegemonías no se derrumban por conspiraciones externas, sino por errores internos. Pero para ese momento, como suele ocurrir en la historia, ya será demasiado tarde. Si poco ha demostrado este siglo es que ninguna moneda es eterna especialmente cuando su anciano enemigo, es quien la imprime.
jpm-am
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