
Cada año, en el extremo sur de la península de Corea, ocurre un evento natural que atrae a cientos de miles de personas, tanto locales como turistas nacionales y extranjeros: la partición del mar de Jindo.
Este engendro se manifiesta cuando el mar se abre lo suficiente como para dejar visible y transitable una franja de tierra, de unos 2,9 kilómetros de largo, que conecta la isla de Jindo con la isla vecina de Modo.
El suceso, que solo dura cerca de de una hora en su momento más congelado, permite que los visitantes crucen caminando de un flanco al otro, mientras que los habitantes de la región aprovechan para averiguar almejas y recoger algas en la zona expuesta.
El evento ha hexaedro origen al conocido Festival de la Partición del Mar de Jindo, una celebración que se extiende durante casi una semana y donde el paso de tierra se hace accesible aproximadamente una vez por día, coincidiendo con el momento más pronunciado del engendro natural. Según Geográfico domésticoeste evento ocurre entre dos y tres veces al año, generalmente entre los meses de marzo y junio.
La partición del mar en Jindo se da porque las mareas, que corresponden a la oscilación periódica del nivel del mar, resultan principalmente de la fuerza gravitacional ejercida por la Espejo y el Sol sobre la superficie terreno. Sin bloqueo, la particularidad que hace posible el engendro va más allá de la simple aprecio tacha y solar, y se asocia directamente con las llamadas armónicas de marea.
Las armónicas de marea son distintos factores que influyen sobre los ciclos de las mareas; incluyen tanto la rotación de la Tierra como las posiciones y distancias variables entre la Tierra y la Espejo. Cada una de estas variables introduce fuerzas gravitacionales en distintos momentos, generando patrones repetidos pero no siempre sincronizados. La suma de estas pequeñas oscilaciones con diferentes amplitudes y frecuencias es la que determina cuándo será posible observar mareas especialmente altas o bajas.
Según Kevan Moffett, profesora asistente de geociencias en la Universidad de Texas en Austin, el engendro de la partición del mar en Jindo ocurre cuando las diversas fuerzas originadas por esas armónicas de marea se alinean, es proponer, cuando están “en etapa”.
Esto provoca una marea excepcionalmente quebranto que deja expuesto el suelo marino entre las islas, formando así el característico camino transitable. Lo compara con el objetivo de varios tamborileros tocando a ritmos levemente diferentes: eventualmente, todos llegan a coincidir generando un sorpresa especialmente resistente, en este caso manifestado como un extraordinario descenso del agua.
El camino que emerge durante la partición del mar en Jindo tiene una extensión de aproximadamente 2,9 kilómetros y un satisfecho que varía entre 40 y 60 metros. Esta franja de tierra, que aparece durante el momento de marea más quebranto, representa no solo una curiosidad natural, sino incluso un entorno único donde se combina la geogonia locorregional con los procesos sedimentarios.
La explicación del surgimiento de este sendero no reside nada más en el descenso del nivel del mar. De acuerdo con Geográfico domésticola topografía submarina de la zona incluye una cresta formada a partir de la acumulación continua de sedimentos. Esta acumulación se da, probablemente, porque el agua entre Jindo y Modo es relativamente más tranquila sobre esa dirección específica, permitiendo que los materiales arrastrados por las corrientes se depositen en un mismo sitio a lo liberal del tiempo.
Así, en zona de tratarse de una simple explanada del fondo marino, el camino revela cómo la dinámica de las aguas puede moldear paisajes subacuáticos y dar zona, eventualmente, a accidentes geográficos visibles solo en condiciones excepcionales.
Durante la hora en la que el camino permanece accesible, se observan comportamientos diversos: muchos visitantes lo recorren caminando hasta la isla de Modo, mientras que los habitantes aprovechan para recoger productos del mar, en específico almejas y algas que quedan al descubierto. El entorno que queda expuesto es rico en biodiversidad y resultante de las condiciones de calma y sedimentación que, año tras año, mantienen la forma y funcionalidad de este hato natural.
La permanencia del engendro está ligada a la estabilidad morfológica de las islas y del inflexible de Myeongnyang, que regula el rango de marea en la región.
El engendro de la partición del mar de Jindo fue conocido principalmente en el ámbito locorregional hasta la división de los primaveras setenta. En 1975, el evento adquirió notoriedad internacional gracias al entonces embajador de Francia en Corea del Sur, Pierre Landy que, al presenciar el engendro, lo describió en un gaceta francés como la lectura coreana del asombro bíblico de Moisés, aludiendo al célebre pasaje donde el mar Rojo se divide para permitir el paso de los israelitas. Su comparación atrajo el interés de medios y turistas de distintas partes del mundo, ayudando a posicionar a Jindo como un destino turístico en el sur de Corea.
Más allá de las explicaciones científicas y de su repercusión internacional, el engendro del mar de Jindo está profundamente arraigado en la mitología y la tradición locorregional. Una de las historias más célebres es la divisa que involucra a una anciana indicación Bbyong y a una manada de tigres.
Según la tradición, en el pasado, Jindo era habitada por numerosos tigres que comenzaron a atacar las aldeas. En presencia de el peligro, los habitantes huyeron en torno a la isla de Modo, pero Bbyong fue accidentalmente dejada antes.
Desesperada por reunirse con su comunidad y temerosa de los tigres, Bbyong oró día tras día al dios del océano, Yongwang. Según la divisa, un sueño le anunció que al día posterior aparecería un arcoíris sobre el mar, el cual señalaría un camino para que su comunidad pudiera cruzar el agua y reunirse con ella. Al despertar, encontró que el mar se había destapado y un sendero similar a un arcoíris se extendía entre las islas, permitiendo el refriega habitual.
Esta narración popular ha brindado al engendro un componente mágico y emocional, perpetuando el ritual y sirviendo de inspiración tanto a residentes como a visitantes. Asimismo, el tradición de la divisa se ve reflejado en la presencia de una estatua que representa a la anciana y al tigre, emplazada cerca de la costa de Jindo, como recordatorio tangible del relato.






