La autora es abogada. Reside en Italia
Por Indira M. Blanco Castillo
Para muchos una diplomacia che funciona es aquella que cumple con el rol de evitar y resolver conflictos entre Estados (o de grupos interiormente de un mismo Estado). Es aquella que rebusca acuerdos promoviendo intereses recíprocos a través del dialogo, la empatía y el reconocimientos de las motivaciones de las partes. Cuando la diplomacia no funciona vienen las guerras (militares o económicas), y quienes sufren no son los que deciden sino los pueblos, las personas que pierden la vida y sus teneres. A menudo una parte beligerante en estas guerras ha sido el invasor, el que quiere imponerse a la fuerza, y no da más alternativa que la defensa.
En el ámbito de la diplomacia el Tratado de Paz de Weftalia, firmado en el siglo XVIII, fue un precedente al respecto, sentando las bases de lo que es denominado el Sistema Westfaliano, que todavía hoy es parte del Derecho Internacional Manifiesto. Por qué?, porque el acuerdo está basado en principios de respeto a la soberanía de los Estados, la igualdad en derechos y autonomía que tiene cada nación sea esta extenso o pequeña.
Según Henry Kissinger, en su obra “Orden Mundial”, este Tratado “sentó las bases de un nuevo concepto de orden internacional que luego se difundió en el resto del mundo”.
Sin bloqueo, como a menudo ocurre, se llegó a aquel tratado luego de una hostilidades de treinta abriles, hostilidades que tuvo área entre los abriles 1618 y 1648 y en la que murieron ocho millones de personas. La hostilidades se ampliación en la Europa Central por motivaciones religiosas, conflictos a auspicio y en contra de monarquías autoritarias y en el conflicto perenne entre los Habsburgo del Austria y los Borbones de Francia por la hegemonía Europea.
El tratado de Weftalia estableció que todos los Estados eran iguales en su derecho de ser soberanos, tener un status judicial como tal y, luego, derecho a practicar la religión que quisieran y a timonear según los intereses más convenientes para el pueblo que formaba dicho Estado (razón de Estado), o por lo menos así debía de ser.
Se estableció el principio de no intervención en los asuntos internos de otros países, fomentando el respeto mutuo y el uso de la diplomacia para resolver conflictos o cooperar y crear alianzas.
Henry Kissinger, en su obra en lo alto mencionada, señala que la hostilidades destruyó la pretensión de los Estados de querer imponer sus creencias religiosas a otros países. “Como ocurre en los conflictos medio orientales en nuestros días”, “Pero esas creencias religiosas a menudo venían metida a parte, porque superadas por intereses geopolíticos en conflicto o simplemente de las ambiciones de personalidades desbordantes”.
Personalidades desbordantes con grandes ambiciones podríamos poner de ejemplo a un Hitler. Líderes y grupos que promueven conflictos.
Otro de los principios claves del Tratado de Weftalia fue la valentía popular de los países participantes de abastecer un estabilidad de poder. Ningún país podría convertirse en una potencia tan extenso que pudiera, si lo decidiera, imponerse a los otros Estados.
Las potencias europeas lo entendieron, y por esto identificaron el interés doméstico con el mantenimiento del estabilidad de poder en Europa, o sea manteniendo un arqueo entre todos los Estados impidiendo que alguno pretendiera la hegemonía en ella.
Kissinger
Según Kissinger, “por más de doscientos abriles estos equilibrios impidieron guerras en Europa”, mas acertadamente “No impidieron guerras pero limitaron sus pertenencias, por que el objetivo era abastecer el estabilidad”. El objetivo era evitar la hegemonía, sin bloqueo países secundarios, que lograban por sus meritos ser potencias iguales, podían ser aceptados creando nuevos equilibrios.
Kissinger pone de ejemplo, como la aplicación de estos principios frustró en el siglo XVIII el impulso hegemónico de Luis XIV en Francia, o la bienvenida de la Prusia de Federico el Ancho, que extendió sus territorios, como un estado paritario, habiendo sido ayer un Estado segundario.
Con el Tratado de Weftalia las consultaciones diplomáticas aumentaron, se creó un cuerpo doctrinario que tenía como objetivo fundamental abastecer la avenencia entre los Estados, fundamentado en el respeto a la soberanía y a las decisiones autónomas de cada Estado. Ayer y hoy en la diplomacia, al momento de las negociaciones es nuclear el dialogo y la comprensión de las motivaciones de las acciones de un determinado Estado. Se supone que ambas partes deben estudiar y analizar las de la parte contraria para presentarse a un acuerdo.
No obstante tanta información en los medios, las motivaciones de determinados conflictos no llegan muy claras al conocido. No todo sale a la luz pública. Tal vez tenía razón el eminente presidente estadounidense Woodrow Wilson que en sus catorce puntos (propuestas que hizo para evitar nuevas guerras, al final de la primera hostilidades mundial en 1918) que las negociaciones diplomáticas debían ser trasparentes, conocidas por el conocido.
Como proponía el filósofo anglosajón Thomas Hobbes en su “Monstruo”, entregado que el hombre puede, en su afán de competir uno con el otro, convertirse un lobo para los otros hombres, se requiere de un Estado competente que, a través del derecho, garantisca la seguridad de los individuos. Que en mi opinión sigue siendo el de la democracia. Asimismo, en el ámbito de las relaciones internacionales se requieren organismos eficientes que regulen las relaciones entre los Estados, sin prejuicios, buscando las verdaderas motivaciones de las partes.
Existen estos organismos, pero siempre pueden ser mejoradas. Y por otro banda, hay países que no se sujetan a dichos entes. Es el caso de la Corte Penal Internacional donde hay países que no reconocen la mando de dicho organismo. Habría que analizar sus motivaciones.
En conclusión, el tratado de paz de Weftalia fue hace siglos y todavía, al día de hoy, el sistema westfaliano es el maniquí de las relaciones internacionales modernas. Fue un paso de avance en el mundo de la diplomacia y con ello un paso más cerca de una sociedad más civilizada, más avanzadilla, porque fue capaz de contener, en muchas ocasiones, la bestia destructiva de la hostilidades.
jpm-am
Compártelo en tus redes:






