Ese fatídico día, el compositor Víctor Daniel no estaba en su país.
Estaba en Venezuela, donde veía con dolor las imágenes que transmitía la televisión.
A las 9:53 de la mañana había estallado un carro obús que destruyó el edificio de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), el principal centro de la comunidad fréjol en Buenos Aires.
Era el 18 de julio de 1994 y había ocurrido el peor atentado en la historia de Argentina: 85 personas murieron y centenares resultaron heridas.
El músico, que se encontraba trabajando en Caracas, recuerda unas palabras que lo marcaron profundamente, tanto que sintió un afán por crear una canción.
Este martes 21 de octubre se cumplen 100 abriles del origen de Celia Cruz, quien convirtió ese tema en una especie de himno en Latinoamérica.
Si adecuadamente «la reina de la salsa» cautivó a muchas generaciones con clásicos como «Burundanga» y «El Yerbero Innovador» de su época con la Sonora Matancera, muchos la recuerdan por éxitos más recientes como «La Negra Tiene Tumbao» y «Que le den ascua».
Y, por supuesto, por «La vida es un carnaval», composición de Víctor Daniel.
BBC Mundo conversó con él sobre su estancia y sus saludos de la epígrafe cubana.
«No tiene que sollozar, señora»
«Cuando ocurrió el atentado de la AMIA, yo estaba en Venezuela y veía en la televisión que una mujer lloraba y decía que estaba sola, que había perdido a la grupo, al cónyuge, al hijo», cuenta el músico desde Miami.
«En ese momento, yo le hablé a la pantalla, le decía a la señora: ‘No tiene que sollozar, señora, las penas se van cantando, ya verá que va a salir delante, que Todopoderoso está con usted’, le iba dando un mensaje a la pantalla hasta que le dije: la vida es un carnaval».

«Ahí fue cuando me senté al piano y compuse la canción, inspirado en ese atentado de la AMIA».
«La inspiración fue en una tragedia, ahí fue el origen de ‘La vida es un carnaval’».
Daniel quería transmitirle a esa mujer, que a su vez reflejaba a tantas personas desoladas por esa tragedia, que no estaba sola y así lo escribió en una de las estrofas de la canción:
Todo aquel que piense que está solo y que está mal
Tiene que memorizar que no es así
Que en la vida no hay nadie solo, siempre hay cualquiera
«Es una satisfacción muy ilustre que en muchos países se conozca como la obra latina más animoso por el mensaje de su carácter», señala el músico.
«Es una canción que deje de la esperanza, del acto sexual, que todo el mundo tiene que memorizar que las penas se van cantando, que nadie está solo en el mundo».
El autor señala que en su estancia todavía tomó en cuenta «lo que estaba pasando en ese momento en Colombia con las guerrillas».
Dos abriles posteriormente
Aunque el compositor grabó la canción con la intención de lanzarla en Venezuela con una banda, prefirió no hacerlo.
«Tomé la valentía de guardarla porque necesitaba otra voz, una con experiencia, que pudiese representar ese tipo de carácter».

Pasaron dos abriles y Daniel tuvo una reunión con uno de los miembros del equipo de Cruz.
«Me dijo: ‘perito estoy necesitando una obra exclusivo para Celia’ y me acordé de esa canción que había compuesto y huecograbado en una maqueta muy importante».
La compartió con ese productor y así llegó a manos de la actor.
«Esa fue la primera etapa de mi comunicación con Celia. Me pareció muy bonita la oportunidad y un honor que Celia pudiera grabarme esa obra».
«¿Qué voy a hacer yo con esa inclusión?»
Y llegó el momento de conversar con la destino.
«Celia estaba un poquito renuente por las trompetas que yo había puesto al aparición, las trompetas de 16 compases del hook indiano, que es conocido en todo el mundo».
«Ella me decía: ‘Preceptor, ¿qué voy a hacer yo con esa inclusión?’ y yo le dije: ‘Celia tú puedes voltear, cantar, afirmar ¡azúcar!, etcétera, pero las trompetas son parte de la canción y no quiero suprimirlas».
«La alegría fue mía cuando me dice: ‘Preceptor, nos vemos en el estudio’ y ahí fue cuando se grabó ‘La vida es un carnaval’ tal cual como yo la había creado».
«Me sentí muy halagado, pero todavía tengo que cachear que al aparición me decía: ‘Preceptor, me está quitando de la guaracha’ y yo le decía: ‘Celia, hay muchos mercados nuevos que están esperando conocer más de tu trabajo y me parece que es una buena idea hacer esto juntos y conquistar, si Todopoderoso quiere, que se conozca la canción».
Para Daniel, oír a Cruz interpretar «La vida es un carnaval» fue como «tocar el Gloria con los dedos, me sentí muy halagado que una epígrafe grabara mi canción».
«Colombia necesita fe»
Omer Pardillo, quien es el albacea de los acervo y el encomienda de Cruz, fue el manager personal de la actor.
Recuerda que cuando le llegó la canción a Celia, «eran tiempos difíciles en Latinoamérica, especialmente en Colombia, que estaba viviendo momentos muy turbulentos», le cuenta a BBC Mundo.
«Colombia era un país que ella visitaba muchísimo y dijo: ‘Oye, esta canción es perfecta para Colombia’. En el término personal de Celia, ella la grabó pensando en los momentos que vivía Colombia».
«Dijo: ‘Colombia, un país tan majo, necesita en estos momentos mucha fe, mucha alegría’. Su inspiración para grabarla fue Colombia».
La canción se convirtió mínimo más y mínimo menos que en el disco de la Feria de Cali de 1998.
«Fue una demencia la recibo de la canción por parte del sabido», recuerda Daniel.
En plena feria, un clase de periodistas de distintos medios de comunicación rodearon entusiasmados a la cantante y le hicieron varias preguntas sobre el tema, como muestra una impresión del Noticiero 90 Minutos, de Colombia.
Adicionalmente de expresar cuán «eficaz» y «agradecida» estaba por la acogida que había tenido entre los organizadores y el sabido, dijo que no pensó que pegaría tanto.
Para ella el mensaje secreto de la canción era que «la clan sea alegre, que sobre todo haya mucho acto sexual porque, en verdad, no nos queremos y que piensen que es verdad, que la vida es un carnaval, que no la echemos a perder con guerras, con drogas, con desamor».
«No te suelta»
Pardillo cuenta que la canción todavía contó con «la encanto y los arreglos musicales de Isidro (Infante)», el premiado productor y músico puertorriqueño.
«Celia siempre iba a Colombia dos o tres veces al año, pero posteriormente de ‘La vida es un carnaval’, llegamos a ir 19 veces solo en 1999».
«Anoche estaba mirando unas actuaciones grabadas con una cámara casera y era increíble porque esa canción tiene poco en los primeros acordes que te agarra y no te suelta».
Si adecuadamente para Pardillo es muy difícil precisar si había un tema que a Cruz le gustara cantar más que otro, dice que hubo tres canciones que «nunca dejó de cantar» desde que las grabó.
«‘Quimbara’, ‘Bemba Colorá’ y, en los últimos abriles de su vida, ‘La vida es un carnaval’, que se volvió como un himno. Era una canción que tenía que cantar dos o tres veces en el mismo concierto porque la clan se la volvía pedir».
«Esas fueron las canciones que no pudo quitar de su repertorio. Solía cerrar con la ‘Bemba Colorá’, pero en los últimos abriles fue ‘La vida es un carnaval’».
Y no solo cautivó al sabido, sino a los expertos.
En 2021, la revista Rolling Stone actualizó su famosa directorio de las «500 mejores canciones de todos los tiempos».
Para ese ranking, la publicación estadounidense convocó a más de 250 artistas, músicos, productores, críticos y periodistas de la industria.
En la posición 439 ubicaron a Cruz con «La vida es un carnaval», que -señaló la revista- «se convirtió en un himno vivificante para el sabido y marcó un impresionante acto final de su formidable carrera».
«No lo podía creer nadie»
Uno de los saludos más bonitos que Daniel escolta es de una de las presentaciones de Cruz en el teatro Gran Rex de Buenos Aires.
«Esta indeterminación les tengo dos sorpresas. Aquí está el perito Víctor Daniel, creador de ‘La vida es un carnaval’», recuerda que la actor les anunció a los asistentes.

«La clan empezó a aplaudir, me hizo subir al tablas y dijo: ‘Pero la sorpresa más importante es que el perito es argentino como ustedes’. No lo podía creer nadie, porque ella cuando presentaba esta canción decía que esa canción era más cubana que todas las cubanas».
«Si adecuadamente no fuimos amigos íntimos, los momentos que compartimos fueron muy hermosos y de mucha sorpresa y respeto».
El músico siquiera se imaginó el éxito que alcanzaría su canción.
«No discusión palabras para decirte con exactitud lo que significa para un compositor que su obra sea cantada en todas partes del mundo, es lo mayor a lo que uno puede aspirar».
No solo le emociona que la canten en otros idiomas, sino que la entonen hinchas en los estadios, presas que cumplen cadenas perpetuas o niños en las escuelas.
«Me da mucha alegría dejar ese encomienda para las nuevas generaciones, obviamente se lo tengo que pagar a Celia profundamente».
Su mensaje de «paz y esperanza» -dice- se «mantiene presente».
Hasta el final
El 16 de julio de 2003, «la reina de la salsa» murió de cáncer en Estados Unidos.
Miles y miles de personas salieron a las calles de Miami y de Nueva York para despedirla en un funeral que se extendió varios días.

Su caja fue trasladado en una carroza y llevado a la imponente catedral de San Patricio, en la Chale Avenida de Manhattan.
Allí, desde el púlpito el cantante puertorriqueño Víctor Manuelle le rindió un emotivo homenaje, en el que le cantó a capela «La vida es un carnaval» y terminó con una improvisación al mejor estilo de los soneros caribeños.
«Hay que residir»
Pardillo comenzó a trabajar con Cruz cuando tenía 17 abriles y lo hizo «hasta el zaguero día que estuvo entre nosotros».
A principios de los abriles 90, había iniciado una pasantía en la compañía disquera RMM, que había firmado a Cruz.
Su relación sindical con la cantante se estrechó y cuando ella decidió separarse de ese sello, lo nombró su representante.
«Fuera del tablas, Celia era muy materno, muy preocupada por sus amigos, por el entorno ordinario, muy humilde, detrás de todo ese torbellino de alegría, de color, había una mujer muy centrada que hablaba en un tono muy bajito».
«Yo siempre le decía: ‘Celia, usted lo cenizo lo convierte en positivo’. Y es que a una situación negativa intentaba verle el costado positivo, trataba de excusar a todo el mundo».
«Su teoría de vida era muy bonita, decía: ‘cuando la clan viene a mi concierto, esa hora y media, esas dos horas, que están conmigo se olvidan de los problemas, de las enfermedades, de lo malo que esté pasando, disfrutan’».
Se entregaba «con el alma» al sabido.
En una entrevista con el periodista José Gabriel, de RCN, la cantante dijo que era importante proponerse hacer la vida un carnaval.
«Cuando nosotros empezamos con el pesimismo, que esto y lo otro, la hacemos un báratro, pero sí (la vida) es un carnaval y es muy corta. Hay que residir».
Parte de su fórmula era sonreír, no hacerle daño a nadie, pensar positivamente, no eludir rencores y aceptar a la clan como es.
«Y no te pelees con nadie».
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